Financiación de la política

Financiación de la política

Abril 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Digámoslo de una vez. La financiación de las campañas electorales debe ser totalmente estatal. Totalmente. No debe permitirse el ingreso de un solo centavo proveniente de otra fuente, personal o empresarial.Los candidatos presidenciales en Estados Unidos, con mayor o menor énfasis, han coincidido en que el tema de la financiación política es de la esencia del sistema político, para bien o para mal. Estados Unidos es el país que más lo ha estudiado. Que más investigaciones y publicaciones ha divulgado al respecto. Que más fundaciones y organizaciones de la sociedad civil tiene para monitorearlo. En varias ocasiones ha pasado legislaciones para perfeccionar un sistema que parece inmanejable. En algunos momentos ha habido un consenso bipartidista al respecto, por ejemplo, en el 2002. No olvidemos que ya en 1907 se prohibió la contribución de las empresas a las campañas políticas federales, que en 1947 se hizo lo propio con respecto a los sindicatos. Con todo, una reciente sentencia de la Corte Suprema eliminó controles y empeoró una situación que ya venía siendo muy criticada. Los candidatos hablan con sentido de urgencia sobre la necesidad de cambiar el sistema. Trump dice que él mismo -multimillonario- financia su campaña. Y así envía el mensaje poderoso de que no le debe favores a nadie. Bernie Sanders se vanagloria de que recibe contribución emergente, que equivale a 27 dólares por persona. El tema central de su campaña es el de la ‘compra’ del proceso decisorio por parte de los más ricos y, claro, de Wall Street. Y Hillary Clinton propone que la más reciente sentencia de la Corte Suprema sobre el tema, sea revisada.Es claro. Todos -y saben por qué lo dicen- asocian corrupción y captura del proceso decisorio a la forma de financiación de campañas. Los escándalos que tienen en crisis al Brasil no son ajenos a este fenómeno. Y así en Argentina, Chile, España, Francia, etc. Y en Colombia, ni hablemos. La noción del político-contratista ha hecho carrera. Y todos los días nos escandalizamos -¿ya no tanto?- con nuevos informes producto de este nefasto sistema: que los contratos para la subalimentación de los niños, que profesores fantasmas, que redes de corrupción por aquí (el carrusel de contratación en Bogotá o las denuncias de Peñalosa sobre la alcaldía de Petro) y por la mayoría de los municipios. ¡Y del sector salud! Y el sector energético, los acueductos, y la Dian según la voz autorizada de Juan Ricardo Ortega, etc., etc.En mi segundo libro sobre este asunto, ‘Narcotráfico, Financiación Política y Corrupción’ -Ecoe ediciones 2011- recogí algunos testimonios que muestran la dimensión del fenómeno en los Estados Unidos, pero que es replicable a los demás países. Es la descripción de cómo funciona el quid pro quo o do ut des (doy para que me des). El senador Rudman: “Usted no puede nadar en el océano sin mojarse; usted no puede ser parte de este sistema sin ensuciarse”. El congresista Shays, dijo que el acceso que tienen los grandes donantes “va más allá de las oportunidades que el ciudadano común tiene para ser escuchado”. En 1998 la campaña para la gobernación del Estado de Nueva York costó 40 millones de dólares. Es que mientras más cuesten, más posibilidades de influencia para los grandes donantes.

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