Dificilísima negociación

Enero 07, 2017 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Desde la segunda vuelta de la campaña presidencial de 2014, la opinión pública ha venido ilusionándose -o desilusionándose- con una eventual negociación con el ELN. Es una guerrilla con la cual varios gobiernos, incluyendo el de Álvaro Uribe, han intentado un diálogo que conduzca a una solución política. Es un decir entre los conocedores del tema que el ELN es reacio como el que más a firmar acuerdos. Y, al respecto, se citan varias oportunidades perdidas. La naturaleza del ELN es bien diferente a la de las Farc, en sus orígenes, desarrollo, financiación, concepciones, estrategias militares, relación con la sociedad. Fundado en Cuba tiene atadura religiosa vinculada a la Teología de la Liberación, que hace aún más ininteligibles muchos comportamientos. Son abundantes los estudios académicos y de consultoría sobre este grupo. Hay trabajos pioneros y luminosos como el de Andrés Peñate en su tesis de magíster en la Universidad de Oxford; y los de Camilo Echandía, Escobedo, Cubides, Vargas, Aponte, Valencia, Zuluaga, Rivera, Medina, etc. Muestran una organización de rara complejidad que, además, plantea negociaciones muy enredadas.Algunos datos (el costoso estudio de Natalia Springer para la Fiscalía, dice que el valor del crudo, en dólares es: crudo derramado 276 millones; costo de reparaciones 335 millones; crudo dejado de producir 20 billones) ayudan a comprender el significado de lo que ha sido la catastrófica actividad del ELN en su trayectoria desde 1965 y su dependencia de la industria petrolera y minera. El oleoducto Caño Limón-Coveñas fue su fuente de enriquecimiento y supervivencia. La empresa Mannessmann, para obtener el rescate de cuatro ingenieros, hizo pago millonario en dólares. El gobierno alemán jugó papel en este asunto y espías de ese país como Werner Mauss dieron lugar a una relación que algunos dicen ya no existe, pero que ha sido muy valiosa para esta organización guerrillera. No es, entonces, sorprendente que uno de los acuerdos políticos más importantes suscritos con el ELN sea el que tuvo lugar en Maguncia, Alemania, el llamado ‘acuerdo de la Puerta del Cielo’. La Conferencia Episcopal de ese país, de alguna manera la colombiana y por obvias razones el Vaticano, no son ajenos a los intentos de encontrar una salida negociada. Este importante acuerdo suscrito en julio 15/1998, en vísperas de la transmisión del mando al presidente Andrés Pastrana, permite recordar la importancia política y financiera que para el ELN tiene el secuestro. El profesor Camilo Echandía, quizás el mejor conocedor de este grupo, afirma que “el ELN es la organización guerrillera que registra el mayor número de secuestros, de los cuales una parte importante persigue objetivos de tipo político y propagandístico”. Echandía recuerda los secuestros masivos que ocurrieron en 1999, como el de 150 personas en la Iglesia La María, en Cali; o el del 12 de abril de 46 personas que viajaban Bogotá-Bucaramanga; o el del 6 de junio, de 9 personas en la Ciénaga del Torno, Costa Atlántica. Y cómo no mencionar el de 70 personas en el kilómetro 18 de la vía Cali-Buenaventura y muchos otros. La gran pregunta es si el Acuerdo con las Farc facilita o complica las negociaciones con el ELN. Y si el tratamiento que se le dio al secuestro en el Acuerdo con las Farc fortalece o debilita las pretensiones del ELN. Ojalá no sea el nudo gordiano.

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