Descriminalizar la política

Descriminalizar la política

Febrero 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

“Herederos del mal, clanes, mafia y mermelada, congreso 2014-2018”, es el título de un libro que apareció en agosto de 2014 y cuyos autores son León Valencia y Ariel Ávila Martínez. Uno esperaría que semejante enunciado haría referencia a congresos anteriores que fueron el reflejo del ‘Proceso 8000’ o de la parapolítica. La perplejidad que sugiere lleva pronto a la curiosidad. Y ésta se ve duramente satisfecha cuando ya en la primera página se dice “la conclusión es dolorosa: 70 parlamentarios elegidos tienen serios cuestionamientos. Muchos de ellos son herederos directos de la parapolítica; la mayoría utilizaron grandes sumas de dinero provenientes de los cupos indicativos para hacerse elegir y algunos son señalados de presuntos nexos con estructuras ilegales vigentes”. Y más adelante se añade “ha sido así desde cuando empezamos esta labor analizando las elecciones del 2002”. Así habla la fundación ‘Paz y Reconciliación’ que dice tener el ojo puesto en el lado oscuro de la vida pública. Esto, no obstante que tan sólo investigaron diez departamentos. Encontraron 129 candidatos que tenían apoyo de herederos de la parapolítica o de fuerzas ilegales. “De ellos, 81 se postularon a la Cámara de Representantes en estos departamentos, 48 a Senado (…) lograron curul 70: 33 a Senado y 37 a Cámara de Representantes”. Se trata de las elecciones del 9 de marzo. Luego aparecen algunos nombres y datos. En particular, en la primera parte sobre clanes y casas políticas. Para hacer más creíble la tesis, se presentan desde la página 295 hasta la 320, sesenta nombres de Senadores y Representantes que fueron condenados antes de estas elecciones y afirman que aún 125 exparlamentarios y parlamentarios mantienen investigaciones abiertas.Semejante descripción publicada ya desde hace seis meses por una editorial que tiene sedes en nueve ciudades importantes de la región ha debido producir algún comentario, y hasta protestas por parte de algunos de los que aparecen mencionados. El silencio es absoluto. No quisiera aplicar en este caso el aforisma muy socorrido “el que calla otorga”, el cual tiene una tradición más que milenaria. Alarma, aún más que en el propio Congreso no se diga una palabra al respecto. Un silencio aún más ensordecedor.De alguna manera aquí se manifiesta una de las características más preocupantes de nuestro comportamiento social en los últimos años. De la indiferencia ante fenómenos que deberían suscitar rechazo inmediato. Es que así como estos datos nos dejan tranquilos o desinteresados o desentendidos, hay otros que afectan otras ramas del Poder Público. Y la actitud es la misma. Como si aceptáramos que así es la vida. Que no hay por qué llamarse a sorpresas. Ni escandalizarnos. Ni preocuparnos. Es el caso del Poder Judicial con respecto al cual, por aquí y por allá, se dicen cosas. Hasta el propio Presidente de la República llamó la atención esta semana, sin que tuviera eco alguno, sobre comportamientos indebidos de una de las altas Cortes. Y una respetada columnista, María Isabel Rueda, concluyó su artículo del pasado domingo 15, en El Tiempo, diciendo que… “los más altos representantes de nuestra justicia están muy, pero muy corrompidos”. Y Bogotá, y las gobernaciones y las alcaldías y Ecopetrol, etc., etc. Hagamos un esfuerzo para que el 25 de octubre el fenómeno no se replique.

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