De espaldas al futuro

De espaldas al futuro

Agosto 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Consideré que el discurso de posesión presidencial de Juan Manuel Santos merecía ser destacado porque tenía una visión del futuro: la paz, la educación, la equidad. Tres temas cruciales e interrelacionados que constituyen, además, un desarrollo natural de la Constitución de 1991.Dieciséis días después hay que registrar el hecho deplorable de la insistencia en permanecer en el pasado. La terca actitud de darle la espalda al futuro. Y la reiterada reelaboración de los acontecimientos más dolorosos del pasado, cercano o lejano, que obnubila la visión de un horizonte promisorio.Esta situación tan punzante tuvo una expresión muy reveladora al comienzo de la semana cuando las informaciones de prensa, radio y televisión giraban en torno de dos importantes acontecimientos: uno, muy doloroso e inolvidable que fue el vil asesinato del joven y promisorio dirigente, Luis Carlos Galán. El otro, fue la celebración del centenario de la puesta en marcha de la obra de ingeniería más importante del Siglo XX, la vía interoceánica del Canal de Panamá y el significado de la ampliación que se está realizando.Hubiera preferido que la conmemoración de los 25 años del asesinato de Luis Carlos Galán hubiera servido para proyectar, en su nombre, proyectos visionarios de gran envergadura. Qué mejor manera de exaltar su corajuda trayectoria como dirigente político que enalteció, y de qué manera, el ejercicio de la acción política. No se toma su contribución a la vida política como una inspiración para construir un futuro mejor para Colombia, como él lo hubiera querido. Lo que invita a la reflexión, es el hecho de que una provincia que podría tener hoy un nivel tan miserable como el de la región pacífica colombiana, conmemore una hazaña de la ingeniería, unida al orgullo de haber recuperado finalmente (con la ayuda afortunada e inteligente de Alfonso López Michelsen) la soberanía con respecto al Canal y la zona adyacente. Y que además ella se proyecta como una nación que mira el presente y el futuro con optimismo, seguridad y muchas ganas de progreso y de mejorestar. Y que simultáneamente nosotros continuemos mirando hacia atrás, sin recoger toda esa tragedia que nos agobia, para ofrecerles a los colombianos un sentido auténtico de confianza en el presente y en el futuro. Es lo que, realmente, resulta preocupante. El ejemplo de Panamá hace que toda la miseria inaceptable de la región del Pacífico, plagada de corrupción y de inequidad, sea un testimonio de cómo hemos fallado gravemente en construir un país más justo. Seguimos de espaldas al futuro. Si la memoria de Galán, tan apreciada por los colombianos, debe tener un significado histórico, es precisamente para que su sacrificio nos saque de este pantano de sangre, masacres, vendetas, dolores, y para proyectarnos hacia la visión de un país comprometido en megaproyectos, ojalá de tanta significación como el Canal de Panamá y lo que significó para la modernización de una empobrecida provincia colombiana. Galán fue un líder. Y el liderazgo consiste precisamente en eso. En llevar a una nación a proyectarse con fuerza, con energía, con esperanza hacia un futuro promisorio. Hay que hacer ese giro en la retórica que utilizamos, en el proceso informativo cotidiano, en la manera como nos situamos ante la historia. Es urgente y necesario salir del pantano.

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