¿Cumbre borrascosa?

¿Cumbre borrascosa?

Marzo 30, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Un repertorio complejo de confrontaciones y dificultades. Entonces cabría decir que la Cumbre de las Américas que se reunirá en los próximos días en Lima ocurre en buen momento para buscar salidas amables a tantos enredos. Para eso se inventó la ONU. Y, en general, todos los foros multilaterales. Lo deplorable es cuando se usan para ventilar sin mayores miramientos las tensiones y dificultades.

El escenario es paradójico. El tema central es la lucha contra la corrupción. Lima ha vivido por años un grave problema de corrupción que sorprendió al propio Sumo Pontífice en su reciente visita... ¿Cinco presidentes procesados? Que el Presidente que invitó haya renunciado en medio de duras acusaciones en vísperas de la Cumbre, ¡ya dice mucho!

Pero es que en Centroamérica no es muy diferente ni en otros países. Brasil ha venido sorprendiendo con un Poder Judicial independiente en el cual un juez de Curitiba ha mostrado un coraje enorme y un sentido de la defensa del Estado, realmente admirable. Como debe ser... pero como en tantas partes se ha debilitado tanto resulta ejemplarizante. ¡Lo que debería ser normal!

Y es que el tema de corrupción alcanza a países como Estados Unidos, Canadá, México, Colombia, Argentina, y ni hablar de Venezuela. Por eso se le dio preferencia a ese tema que ya invade toda la región, ahora con manifestaciones que equivalen al crimen organizado con ramificaciones internacionales. Odebrecht, Fifa, Canal Isabel II para los servicios de aseo, acueducto, etc. en la Costa Atlántica colombiana.

Más allá de esta paradoja, las tensiones limítrofes están en el orden del día. La de Chile y Bolivia que se debate en estos días en La Haya, ante la Corte Internacional. La de Colombia y Nicaragua, que espera su turno. Y las confrontaciones por el tema de las migraciones que es notorio entre Estados Unidos y México y ahora explosivo por la crítica situación venezolana. Y no sólo para Colombia sino para otros países. Y ni hablar del tema comercial. La renegociación del Nafta que tanto ha significado para México. Las exigencias que Estados Unidos le está haciendo a Colombia y que parecen condicionar el formidable esfuerzo que se ha hecho para ingresar al club de las mejores prácticas, la Oecd.

No se puede pasar por alto el tema de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos con respecto al cual la cumbre jugó un papel constructivo. ¡Ah!, y de nuevo el tema de la cocaína y la heroína que ha pasado a ser una preocupación prioritaria para el presidente Trump y su círculo más cercano. Bolivia, Brasil, Argentina, Perú, Venezuela, México y, claro está, Colombia por la expansión de los cultivos de coca y la creciente presencia de los carteles mexicanos. Y los centroamericanos y las islas... Y el inmanejable tema de Venezuela. No sólo por la desaparición de la democracia sino por la crisis migratoria, las violaciones flagrantes de los derechos humanos, la megacorrupción, la increíble crisis humanitaria en un país tan rico.

Qué bueno sería que este encuentro multilateral que se inició con tantos buenos augurios, el optimismo de la postguerra fría, sirviera para aliviar tantas tensiones y desencuentros. Como para volver a creer en el multilateralismo como una forma superior de convivencia internacional.

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