Consenso necesario

Consenso necesario

Diciembre 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

El acuerdo sobre lo fundamental en un sistema político es necesario para que el disenso pueda existir sin comprometer la estabilidad. La Democracia Pluralista requiere de ese consenso para que el desacuerdo pueda tramitarse pacíficamente, sin violencia; para que se pueda ganar o perder en forma tranquila, civilizada. La serenidad en el triunfo y en la derrota es la actitud que preserva el sistema político, el orden y el buen trato en la sociedad política. Pero cuando un triunfo electoral o legislativo pone en riesgo el acuerdo sobre lo fundamental, la confrontación sustituye el desacuerdo, la polarización desaloja la controversia inteligente y la desconfianza y el temor desplazan la serenidad y arriesgan convertirse en violencia.Estas reflexiones acompañan siempre el análisis de los eventos políticos más críticos y se hacen inevitables cuando estamos viviendo una situación mundial plagada de riesgos más significativos que los que normalmente alimentan el acontecer internacional. En el nivel nacional en Colombia, ocurre algo parecido. No hay competidores por el poder o por el favor popular sino enemigos. La anhelada y necesaria paz no suscita sentimientos de unión ni invita a la cooperación. La lucha por la transparencia no convoca una solidaridad indispensable sino que propicia un escenario de mutuas descalificaciones. Ante eso, la opinión pública, en buena parte, se torna desconfiada, pierde credibilidad y prefiere mirar para otro lado, desentendida y, acaso, a la espera de un supuesto redentor que podría resultar exactamente lo contrario.Insisto. Estas reflexiones son oportunas porque lo que ha ocurrido en Estados Unidos a raíz de las recientes elecciones -y eso nos impacta- es la ruptura, o por lo menos el debilitamiento del acuerdo sobre lo fundamental, la limpieza y justicia del sistema electoral que es la clave del sistema político, porque es el que distribuye el ejercicio del poder.Al otro día de conocidos los resultados electorales, quienes criticaban a Trump porque no quiso pronunciarse claramente sobre la aceptación del resultado electoral, proclamaron en las calles que Trump no era su Presidente, desconociendo lo más importante en este proceso, que es la victoria del adversario. Se adelantaron varios intentos para impedir que el resultado favorable a Trump se consolidara. Como nunca, se puso en tela de juicio la legitimidad del Colegio Electoral y su razón de ser. Como nunca, se exaltó la ventaja del candidato perdedor en la votación popular, más de dos millones y medio de votos. Se escudriñaron los conteos de sufragios por lo menos en tres Estados; se denunciaron maniobras que distorsionaban la justicia en las votaciones por lo menos en 18 Estados. Y, seguramente, en enero 20/2017 la posesión del nuevo Presidente no será una celebración tranquila y alegre. No habrá serenidad. Hablar con un ciudadano del común que no votó por Trump es traumático, muestran desilusión, indignación, desesperanza y hasta sentimientos agresivos. En Gran Bretaña, Italia, Francia, España los sentimientos no son muy diferentes.Al mismo tiempo, el orden mundial existente se pone en tela de juicio y abundan temores de que algo muy grave podría ocurrir en el mundo.Los liderazgos iluminados brillan por su ausencia. Kissinger trata de preservar las líneas de cooperación entre China y Estados Unidos, Putin aprovecha el desconcierto. El ambiente no es de serenidad. El consenso internacional es indispensable y el consenso nacional mayormente.

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