Claudia Blum: liderazgo

Claudia Blum: liderazgo

Noviembre 24, 2017 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

En Colombia y en el mundo hay una notoria escasez de liderazgo. En mis clases, conferencias, conversaciones casuales, apenas si se habla de tres o cuatro líderes políticos. Más de 50 candidatos hacen aún más notoria la crisis de liderazgo entre nosotros. Ahora una autobiografía nos recuerda las cualidades de una mujer vallecaucana que lo ejerció y con éxito en el nivel municipal, en el nacional y, qué maravilla, en el global.

En Europa es, también, fenómeno evidente. La señora Merkel, sin duda, una dirigente excepcional, ya está vislumbrando que su ciclo exitoso está declinando. Lástima. Y en el resto de Europa, Putin ha demostrado que su ambición de poder no se debilita y quiere hacer de Rusia la gran nación que alguna vez fue. Recientemente la portada de la Revista Time, lo presentó como un nuevo Zar. ¡Cien años después de la Revolución Bolchevique!

En la lejana Asia ocurre lo contrario. Xi Ping se consagra como uno de los dirigentes más excelsos de la milenaria historia china. Y esa condición lo lleva a la reelección y a anunciar un futuro espléndido para su país. “El hombre más poderoso del mundo”, dice una portada de The Economist. En Japón, Filipinas, Corea del Norte, sus gobernantes, así sean controvertidos, exhiben una notable capacidad de liderazgo. América Latina, que en ocasiones prefiere caudillos y no líderes, debe ser objeto de una próxima columna.

La reaparición de Claudia Blum en el escenario nacional, a raíz de la publicación de su autobiografía, ‘Mi vida en Lápiz’, nos recuerda su carrera política tanto en Cali como en el Senado y en Naciones Unidas. Fue Senadora excepcional. Primera mujer elegida como Presidente de esa corporación y por lo tanto del Congreso (2005). Luego, Vicepresidente de la Asamblea General de la ONU.

Su autobiografía, grata y legible, nos revela su principal característica como dirigente política: dotada de legítima ambición, persevera con tenacidad en buscar sus propósitos, aún en contravía de opiniones fundadas, que le aconsejaban desistir. Una férrea voluntad de lograr lo que se propone, o sea, una firme determinación.

Dos casos, bien presentados en su libro, así lo ilustran. Su elección como Presidente del Senado es un capítulo cuya lectura aconsejo a los estudiosos del funcionamiento del Congreso. Y su decisión, casi solitaria, de buscar la elección de Colombia para volver al Consejo de Seguridad de la ONU, que se logró gracias a su tenacidad y al manejo atinado que hizo que 186 países, de un total de 192, respaldaran su propósito. Néstor Osorio, quien la sucedió en la Representación Permanente ante la ONU, ocupó esta silla privilegiada y la desempeñó, como siempre, con gran profesionalismo.

Claudia Blum demostró así que también podía alcanzar sus objetivos en un medio tan complejo como el de la Asamblea General del principal organismo político mundial. Impresionante. Contra viento y marea.

Al repasar estas crónicas, me pregunto si su autobiografía es una especie de testimonio de un liderazgo exitoso que llegó a su fin, o si es la manera de hacernos rememorar ejecutorias brillantes para, ojalá, acompañar nuevas acciones en favor del interés público, como las que desarrolló obsesivamente en favor de la ética pública. Qué oportunas serían sus gestiones en esta materia en nuestros días en su propio departamento y en Colombia toda.

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