Bienvenido a...

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Un país agobiado por reiterados escándalos de increíble corrupción; una sociedad en la cual una guerrilla, el ELN, negocia a regañadientes luego de haber cometido atrocidades contra la dignidad humana y contra la obra del Creador: para recibir al Sumo Pontífice resolvió este lunes pasado atacar el oleoducto Caño Limón-Coveñas en la vereda El Cajón, Norte de Santander, contaminando la fuente de agua para miles de habitantes de esta zona.

Bienvenido a...

Septiembre 01, 2017 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Un país agobiado por reiterados escándalos de increíble corrupción; una sociedad en la cual una guerrilla, el ELN, negocia a regañadientes luego de haber cometido atrocidades contra la dignidad humana y contra la obra del Creador: para recibir al Sumo Pontífice resolvió este lunes pasado atacar el oleoducto Caño Limón-Coveñas en la vereda El Cajón, Norte de Santander, contaminando la fuente de agua para miles de habitantes de esta zona. Anhelo que no mire los periódicos. Es un pastor que sabe que se mueve entre pecadores, que ya está curado de espantos. En su patria, Argentina, vivió cosas peores.

Dirán que su sacerdocio lo educó, precisamente, para escuchar y perdonar los pecados de sus feligreses. Y añadirán que él no es médico que se asusta con las enfermedades, ni siquiera las más graves. Las ve, las examina, hace lo que puede por curarlas, a sabiendas que volverán una y otra vez.

¡Habría sido maravilloso recibir al Sumo Pontífice en un país levantándose de una violencia insensata e inútil! Es más: innecesaria; en un país respetuoso de la naturaleza maravillosa que el Creador le dio: miles de ríos, bosques, selva, biodiversidad, ¡qué se yo! Qué paradoja que un grupo guerrillero que se declara tan cercano a las enseñanzas católicas, reciba de esta manera al autor de la encíclica Laudato Si, solemne documento cuya pertinencia y sabiduría ha sido reconocida por unos y otros como guía sustantiva para la preservación del Planeta.

El martes pasado, en un seminario promovido por el Procurador Carrillo en la Universidad Javeriana, Francisco De Roux, exprovincial de la Compañía de Jesús, la misma a la que pertenece el Vicario de Cristo en la Tierra, dijo que Colombia se había precipitado en un vacío ético, cuando la moral católica dejó de ser norma general para determinar el bien y el mal y nos encontramos con que no habíamos hecho la tarea de construir una moral civil, válida para todos los ciudadanos. (Palabras suyas tomadas de su columna en El Tiempo, 31, Agosto/2017).

El Sumo Pontífice -quizás por todas estas y otras falencias se justifica su visita- sin duda, reforzará la idea de superar el camino de la barbarie y de buscar obrar con la verdad, que nos devuelva la dignidad perdida (es el concepto central del Padre De Roux), que nos hará libres a victimarios y a víctimas.

El Pontífice no entenderá, así haya repasado todas las debilidades de la humanidad, que el ideal de la paz haya roto el consenso en lugar de habernos convocado a una rectificación histórica. Ojalá sus palabras, su comportamiento austero, sencillo, que abomina de la ostentación nos sirvan de bálsamo que ayude a cicatrizar heridas profundas y a reencontrar el camino de la ética, la solidaridad y el buen vivir, con austeridad, sencillez y compasión hacia los más desvalidos.

El padre De Roux recuerda que no solamente hay víctimas del conflicto armado, sino que también lo son los niños con hambre o educación de baja calidad, víctimas de quienes robaron los auxilios alimentarios o los presupuestos para educación. También son víctimas, recojo sus palabras, las familias con muertos y victimarios los que robaron los presupuestos para salud. Y víctimas los campesinos despojados a quienes les robaron sus tierras, los encarcelados injustamente en virtud de testimonios falsos bien pagados, etc.

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