Barco: 30 años

Agosto 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Independiente. Equilibrado. Con sólida formación académica (técnica en MIT, en Ciencias Sociales en otras universidades). Familiarizado con la política regional (Norte de Santander), con la nacional y distrital. Diplomático (Embajador en el Reino Unido y en Washington). Conocedor del mundo de las agencias multilaterales, en especial el Banco Mundial. Muy respetado en todos los círculos de poder en Washington. Varias veces senador y ministro. Innovador Alcalde de Bogotá. Un realizador.Con este envidiable bagaje aspiró a la Presidencia de la República. Con razón, cuando se hacían las cábalas sobre quién podría ser un candidato viable, Alfonso López Michelsen despejó rotundamente las especulaciones: ¿y si no es Barco, quién? Hizo una campaña, limpia, seria, sin estridencias, sin populismo. Ante el electorado se presentó tal como era. Sin disfraces. Sin simulaciones. Así lo percibió la ciudadanía.Todo ello explica el rotundo triunfo del Liberalismo en 1986. El mapa electoral nacional era rojo. Sin sectarismo, pero con pasión por las ejecutorias liberales. Un reflejo de su grito de campaña: “Rojo, dale rojo”.Estos fueron los resultados: 4.214.510 votos. 58,7% de los sufragios. Ocho años antes Turbay había obtenido 2.503.681 y López Michelsen en 1974, 2.929.719. Fue la última gran victoria del Partido Liberal.La Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes está anunciando un seminario para conmemorar su posesión como Presidente, el 7 de Agosto de 1986, hace treinta años.Mencionó algunas de sus más notorias ejecutorias. Ante todo, recuperó el auténtico juego democrático, el esquema Gobierno-Oposición. Ello, en virtud de una decisión del Partido Conservador: la de no colaborar con el gobierno liberal porque consideró que el nombramiento de tres ministros no correspondía a la representación “adecuada y equitativa” ordenada por la Constitución.Puso fin a la mecánica del Frente Nacional, cuyo principal logro fue la concordia entre liberales y conservadores. Pero no contento con eso y no obstante los altísimos costos políticos, desató un proceso político en armonía, luego, con el Partido Conservador para hacer una ambiciosa reforma política. El 30 de Enero de 1988 propuso derogar la norma plebiscitaria, artículo 13 “En adelante las reformas constitucionales sólo podrán hacerse por el Congreso, en la forma establecida por el Artículo 218 de la Constitución”. Era la prohibición de acudir al constituyente primario. El proceso que llevó a la Constitución de 1991 había comenzado. Eso fue lo que consolidó magistralmente César Gaviria.En otros campos no fue menos audaz y visionario. El trato justo a los maestros, gracias a cuidadoso estudio actuarial, permitió adoptar las decisiones que pusieron fin a huelgas casi mensuales. La política ambiental e indigenista reconocida internacionalmente. La apertura comercial, gradual y ambiciosa. La mirada hacia Asia-Pacífico. La lucha frontal contra los carteles criminales de las drogas. La realización de un sueño postergado, Ciudad Salitre en Bogotá y tantos otros… como la exitosa negociación de paz con el M-19 y otros grupos, también consolidada y ampliada por César Gaviria. Era “pulso firme y mano tendida”.Como escribió el distinguido historiador de Oxford Malcolm Deas, “… La administración Barco sí tuvo un sello particular, que lo puso la personalidad del Presidente. Una conclusión poco sorprendente que no sería rechazada ni siquiera por sus críticos más acerbos ¿Le reconocerían ellos su pericia política, su imperturbabilidad, su austeridad, su incorruptibilidad, su don de mando?”.

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