Un norte al sur

Julio 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

Hace cuatro años, en una columna en El Espectador, el actual ministro de Salud, Alejandro Gaviria, hacía una caracterización (que el mismo reconocía era “imperfecta, especulativa”) de dos Colombias: una de Cali hacia arriba “donde existen asomos de modernidad económica” y una de Cali hacia abajo “donde el futuro luce aún peor que el pasado”. En nuestro país, cualquier referencia al norte del Cauca y a municipios como Caloto evoca imágenes de tomas guerrilleras, paros indígenas y conflicto social que encajan fácilmente en la “caricatura” que hace Gaviria. Incluso quienes colindamos con la zona ignoramos que allí se alojan decenas de sofisticadas empresas nacionales y extranjeras que generan miles de empleos de alta calidad y conforman uno de los principales polos industriales nuestro país.En días pasados visité la moderna planta de Forsa en Guachené. Esta empresa de capital vallecaucano, dedicada a la fabricación de sistemas de enconfrados para la construcción, vende cerca del 75% de su producción en más de 30 países del exterior. Sus formaletas han llegado a destinos tan ‘exóticos’ como Irán, Senegal, Angola y Cuba y despacha casi el 20% de su volumen al Brasil, país de muy difícil penetración para la industria colombiana. En su planta, que incorpora procesos robotizados, laboran más de 500 trabajadores originarios de la zona. Es sumamente grato comprobar que su Gerente de Innovación y varios otros de sus ejecutivos son afrocaucanos con estudios de post-grado.Forsa es una de un centenar de empresas manufactureras que se han ubicado en el norte del Cauca desde la declaratoria de la Ley Páez de 1996 que otorgó beneficios tributarios a compañías que se asentaran en zonas afectadas por el terremoto de junio de 1994. Lo que esta norma contribuyó a generar es realmente sorprendente. Hoy el Cauca es, detrás de Cundinamarca y Santander (y éste solo por la refinería de Barrancabermeja), el departamento más industrializado de Colombia medido por el peso de la actividad manufacturera en su PIB. De hecho, es el único en el país donde la participación de la industria aumentó en la última década. Las Zonas Francas del norte del Cauca, donde hoy se alojan muchos de los antiguos beneficiarios de la Ley Páez, triplicaron sus exportaciones de US$35 millones en 2010 a US$105 millones en 2014 (29% del total exportado por el departamento) y después de las de Cundinamarca son las que más gente emplean en el país (7.500 personas).Los 10 municipios del norte del Cauca son indudablemente el motor económico de ese departamento. Las cifras del Dane demuestran que entre 1960 y 1995 la economía del Cauca creció muy por debajo del promedio nacional. Tras la declaratoria de la Ley Páez ha sucedido lo contrario. Entre 1996 y 2004, mientras el PIB de Colombia creció al 1,5% anual, el del Cauca lo hizo al 4%. Y desde 2003, el PIB del Cauca ha crecido al 5,8% en promedio por año, frente a un 4,4% del país en general. Es innegable que el Cauca sigue siendo un departamento muy pobre con innumerables problemas, pero gracias al dinamismo de su región norte ha venido recortando distancias con el resto del país. Mientras en 2003 el ingreso por habitante del Cauca era menos del 45% del promedio nacional, hoy se acerca al 60%.Esta historia de éxito en un entorno tan complejo conduce a muchas reflexiones. La primera, sin duda, es ¿qué habría pasado con el norte del Cauca si no hubiera sido por la Ley Páez? Y otra más importante de cara al futuro: ¿qué lecciones nos deja esta experiencia si queremos llevar prosperidad y paz a las regiones más azotadas por el conflicto?

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