Si de aquí saliera petróleo

Noviembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

La noticia económica más destacada de las últimas semanas ha sido la caída del precio del petróleo. A pesar de las tensiones en regiones productoras como Medio Oriente y Rusia que podrían comprometer la oferta, el mercado considera que pesa más la debilidad de la demanda por el bajo crecimiento de las economías desarrolladas y la desaceleración china. El comodín de los hidrocarburos no convencionales, en auge en EE.UU., también jugaría a favor de un barril más barato. Se estarían así “normalizando” los precios del crudo, pues las cotizaciones de los demás commodities minerales y agrícolas vienen en franca caída desde 2011.Esta situación plantea desafíos considerables para Colombia. Por el auge de ese sector los últimos diez años, el país y, especialmente, el estado se han vuelto altamente dependientes de los ingresos petroleros. Según cálculos del DNP, por cada dólar de menor valor del hidrocarburo, las rentas gubernamentales se reducen en $420.000 millones. La descolgada de 20 dólares de los últimos 4 meses podría suponer un detrimento sobre las finanzas públicas de $8,4 billones anuales. Y, dado que no todas las rentas petroleras las captura el estado y que este sector tiene encadenamientos importantes con otros renglones, el perjuicio sobre la economía en general sería aún mayor.Sin embargo, la baja del petróleo también genera impactos en el sentido contrario. Por la misma dependencia de la economía al crudo, la cotización del peso también es sumamente sensible a éste. Desde principios de julio, al tiempo que el petróleo bajó 21,5%, el peso se debilitó en un 8,6%. Así, cada dólar de exportaciones petroleras se convierte en un mayor número de pesos. DNP estima que por cada alza de $10 en la tasa de cambio, los ingresos petroleros del estado aumentan en $314.000 millones. El incremento de casi $80 en la TRM desde julio significaría un efecto fiscal compensatorio cercano a los $2,5 billones. Un peso más débil también genera otros beneficios al dar impulso a sectores como la agricultura y la industria. Pero en el neto, las consecuencias de una caída del precio del petróleo sobre la economía colombiana son mayoritariamente nocivas.Para el Valle del Cauca, el sentido del impacto es menos claro. De los grandes departamentos de Colombia, el nuestro ha sido el menos beneficiado del auge minero-energético. El Valle ni produce petróleo, ni lo refina o procesa, ni lo transporta o despacha como sí es el caso en Santander y la Costa. Tampoco somos grandes productores de oro como Antioquia, ni sede de las grandes mineras y petroleras, las empresas de servicios asociados y todo el aparato regulador del sector como Bogotá. Por el buen nivel de vida relativo de nuestros habitantes, somos además el departamento que menos regalías percibe. Los beneficios que hemos recibido del boom han sido primordialmente indirectos (ej. mejor marco macro-económico, mayor inversión del gobierno central, buena dinámica de algunos de nuestros principales mercados nacionales y externos, etc.)La principal contra-cara del auge, la fortaleza del peso, tuvo grandes secuelas dañinas en nuestra región. Al ser un departamento agrícola e industrial, la competitividad y capacidad de generación empleo del Valle se vieron gravemente afectadas. Nuestro principal ingreso externo, las remesas de la diáspora vallecaucana (el 30% del total que recibe el país), se convierten en menos pesos cuando nuestra divisa se fortalece. Un dólar más fuerte beneficia más al Valle que a Colombia en general. No hay mal que por bien no venga.

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