Regreso a los orígenes

Abril 30, 2017 - 07:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

Desde hace aproximadamente un millón de años, el homo sapiens y sus antepasados han quemando materia orgánica de origen vegetal (e incluso animal) para generar calor, iluminación y cocinar alimentos, entre otros usos. Fue sólo en los últimos 250 años, que el uso de minerales (carbón y luego también petróleo y gas) sustituyó a la biomasa como principal fuente de energía. El poder calorífico, abundancia y facilidad de transporte de estos combustibles los convirtió en los impulsores del extraordinario salto en prosperidad y bienestar que sucedió a partir de la Revolución Industrial (salvando, de paso, a las ballenas y millones de hectáreas de bosques).

A pesar de todas sus bondades, la humanidad ya copó la capacidad de aprovechamiento sostenible de estos recursos, que hoy congestionan la atmosfera de gases efecto invernadero, y se impone una transición hacia energías limpias y renovables. La bioenergía, generada a partir de biomasas sustraídas en forma sostenible, vuelve a entrar en juego como parte de la solución. La capacidad instalada de bioelectricidad en el mundo ya supera los 100 Gigawatios (más de 5 veces el parque generador colombiano). Incluso en países en vías de desarrollo, ésta ya tiene una participación significativa de la matriz eléctrica: China (9%), India (9%), Tailandia (7%) y Brasil (7%).

Colombia, con abundancia de sol, agua y suelos, tiene todas las condiciones para aprovechar esta oportunidad, al tiempo que genera empleo en el campo, aprovecha residuos y deshechos orgánicos, y contribuye a la reducción de emisiones. El valle geográfico del río Cauca es ya una pequeña potencia en bioenergía, con 270 megavatios (MW) de capacidad instalada en ingenios azucareros, que el año pasado generaron 1.4 millones de MW-hora (suficientes para abastecer a una ciudad de 1 millón de habitantes). De estos, más del 40% fueron excedentes entregados a la red eléctrica nacional. Y todo a partir de residuos del proceso de producción de azúcar y bioetanol.

Pero la caña, aunque excepcionalmente rica en capacidad calórica (bagazo, hojas, etc.) y altamente renovable (ciclo de producción corto y de altísima productividad), es sólo una posible fuente. El miércoles pasado, Incubadora Santander inauguró en su complejo avícola del norte del Cauca (el mayor del país) el primer biodigestor alimentado 100% por gallinaza de América Latina y planea en los próximos dos años instalar cuatro más, logrando una capacidad de generación total de 4,4 MW. Con esto no sólo producirá toda la energía que necesita en sus galpones y plantas (liberando 3 MW a la red nacional), sino que también eliminará sus emisiones de metano (30 veces más contaminante que el CO2) y los olores que producen 600 toneladas de gallinaza al día.

En Candelaria ya existe un frigorífico que genera biogas a partir de los residuos del ganado, y Pollos El Bucanero evalúa un proyecto de generación eléctrica con base en pollinaza y cascarilla de arroz. Otras avícolas como Santa Rita y empresas forestales como Smurfit Kappa, también contemplan iniciativas en este campo. Estos y otros proyectos y tendencias tecnológicas fueron materia de discusión esta semana en Bi-on, el primer Congreso Nacional de Bioenergía, organizado por la Cámara de Comercio de Cali y Valle del Pacífico Centro de Eventos, con el ánimo de visibilizar las grandes oportunidades que ofrece este rubro y posicionar al Valle, con su extraordinario tejido agroindustrial y sus envidiables condiciones naturales, como el polo de la bioenergía en el país.

Sigue en Twitter @estebanpie

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