Pronóstico reservado

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

A juzgar por el comportamiento de los mercados bursátiles en sus primeras tres semanas, el 2016 luce harto azaroso. Los índices de las principales bolsas del mundo sufrieron declives pronunciados: 6% en Londres, 10% en Nueva York, 12% en Tokio y 19% Shanghai. En América Latina, la Bolsa de São Paulo ha caído casi un 12% y la de México un 4%. La de Colombia recuperó, en los últimos días, el terreno perdido hasta el 18 de enero (7%), gracias a la venta de Isagén, bien recibida por los inversionistas. Sin embargo, desde principios de 2015 ha caído un 19% (41% en dólares) y, desde su pico a comienzos de 2013, un aterrador 39% (67% en dólares).Lo que no logró el primer aumento de la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos en ocho años, sucedido a mediados de diciembre pasado y que no tuvo un efecto notable inmediato en los mercados, lo ha conseguido la incertidumbre que rodea a la economía china. Tras una generación de crecimiento acelerado a partir de las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, el peso de China en la economía global paso del 2% al 16%. Por ello, los vaivenes del gigante asiático hoy conciernen a todo el mundo.Hace por lo menos 15 años muchos analistas vienen prediciendo una crisis en China. Se han sustentado en debilidades estructurales de su economía, como el mediocre desempeño y alto endeudamiento de la mayoría de las más de 150.000 empresas que aún son estatales, y la consiguiente vulnerabilidad del sistema bancario. Un agravante es la desconfianza que generan las cifras oficiales. Aunque el crecimiento del PIB de 2015 (un muy envidiable 6,9%) es ya el más bajo en 25 años, pocos creen que es un reflejo del estado real de la economía. La contracara de la que podría ser una de las mayores fortalezas de la China en tiempos de crisis -un gobierno ultra poderoso- es que esa misma omnipresencia estatal atenta contra la transparencia. El fiel de la balanza en esta coyuntura sería la economía norteamericana, la única con la escala suficiente para suplantar al dínamo chino. La europea, de gran tamaño, lleva casi una década estancada; la japonesa, dos. La India, de los países grandes el de mayor dinámica, aún representa solo el 3% del PIB mundial medido en dólares. Otros, como Brasil, antaño tan elogiados por algunos columnistas económicos colombianos, han resultado ídolos con pies de barro. Los buenos resultados de EE.UU. en materia de crecimiento y empleo en los últimos años (la desocupación se redujo del 10% en 2010 al 5% hoy) dieron pie al alza de tasas de la Fed. Sin embargo, el pronóstico de crecimiento del FMI, aunque satisfactorio para una economía ya madura, es solo del 2,6% anual en 2016 y 2017.Las proyecciones de crecimiento de la economía mundial según el FMI -3,4% en 2016 y 3,6% en 2017- se fundamentan en que la economía china crecerá un 6,3% y un 6% en esos años. Partiendo de la base de que el resultado del 2015 estaría sobrestimando el comportamiento real de la economía asiática, parecería probable que estos pronósticos no se cumplan. En estas circunstancias, los vientos de fuera para la economía colombiana serán más de frente que de cola. Esto, aunado al alza en las tasas de interés locales y la reducción del gasto público, inducidos por la desbarrancada de los precios del petróleo y la consecuente devaluación del peso, dificultan ser optimistas sobre el año económico que comienza.

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