Obsesión con el futuro

Julio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

En el párrafo inicial de la novela Conversación en la Catedral (1969) de Vargas Llosa, su protagonista Zavalita se pregunta: ¿en qué momento se jodió el Perú? Los vallecaucanos pareciéramos similarmente obsesionados con encontrar y explicar el supuesto punto de quiebre en que dejamos de ser una región líder, muy a la manera de nuestros vecinos payaneses durante el siglo pasado. Ese proceso obsesivo-depresivo de “socio-análisis” nos ha dejado cierto complejo de inferioridad frente a los antioqueños e incluso, más recientemente, frente a barranquilleros y santandereanos. Sin querer pasar por alto las dificultades que han atravesado Cali y el Valle en las últimas décadas, un psiquiatra recomendaría referirse a realidades objetivas.Es un hecho que en la última década la economía del Valle creció por debajo del promedio colombiano. Mientras el PIB del país aumentó a una tasa del 4,4% anual entre 2003 y 2013, el del Valle se expandió solo al 3,7% por año (esa diferencia representa 2 billones de pesos menos de ingresos anuales para los hogares vallecaucanos). Los departamentos petroleros (Santander: +4,6%/año), mineros (Antioquia: +4,5%/año) y otros que fueron grandes beneficiarios indirectos del auge minero-energético (Atlántico: +4,5%/año y Bogotá +4,2%/año) crecieron más. Aún así, la economía del Valle es 2,5 veces la del Atlántico y 1,3 veces la de Santander (aunque solo 0,7 veces la de Antioquia, con 0,7 veces su población).Pero ese menor dinamismo relativo no significó estancamiento. El porcentaje de personas con ingresos inferiores a la línea de pobreza en el Valle cayó del 38,9% al 22,7% entre 2002 y 2014. La pobreza en Atlántico (28,5%) y Antioquia (24,3%) es más alta que en el Valle, aunque en Santander es menor (19,6%). Y un dato importante y quizás contra-intuitivo, la desigualdad en Antioquia (Gini=0,555) es significativamente superior a la del Valle (0,488). La de Santander, otro departamento que se percibe como más étnicamente homogéneo e igualitario, también es más alta (0,497).Como no solo de plata vive el hombre, DNP y Dane desarrollaron el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) para evaluar de manera más integral la calidad de vida en base a factores como acceso a salud, nivel educativo, condiciones de vivienda, etc. Bajo ese prisma, solo el 15,7% de los vallecaucanos son pobres, frente al 19,5% de los antioqueños (no hay datos individuales para Santander y Atlántico). Es sorprendente comprobar que en Antioquia, sede de la muy admirable EPM, las coberturas de acueducto (90,1%), alcantarillado (79,7%) y gas (51,7%) son considerablemente menores a las del Valle (96,8%, 91,9% y 75,6%, respectivamente), y que en Medellín, la única ciudad colombiana con metro, el tiempo promedio que gastan las personas llegando al trabajo (21,4 minutos) es ligeramente superior al de Cali (21,3).A pesar del posicionamiento que ha logrado Antioquia en materia de educación e innovación, el Valle la supera en alfabetismo (96,5% vs. 94,8%), años promedio de educación (8 vs. 7) y asistencia escolar en primaria (90,7% vs. 88,8%) y secundaria (69,4% vs. 62,4%). Así mismo, los hogares vallecaucanos superan a los antioqueños en acceso a la tecnología: el 95,3% tiene celular (vs. 94%), el 29,6% tiene PCs (vs. 24,4%) y el 17,7% tiene tabletas (vs. 14,4%).Nuestra realidad no da para que nos sintamos acomplejados o inferiores. El progreso de otros grandes departamentos es inequívocamente bueno para el país y para el Valle. La obsesión por “pasados gloriosos” que nunca volverán es malsana; obsesionémonos más bien con lograr un futuro próspero para nuestra gente.

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