Ni tanto que queme al santo

Ni tanto que queme al santo

Agosto 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

Esta semana un grupo de investigadores norteamericanos publicó un estudio vinculando el cambio climático con aumentos en los niveles de violencia. En el ámbito cotidiano son frecuentes las referencias a la relación entre episodios naturales de coyuntura (la ola invernal de 2010 en Colombia, sequías en algún país africano, cualquier tornado en los Estados Unidos) y el proceso estructural de calentamiento global. Se ha vuelto cliché asignar a este innumerables (pero siempre nefastas) consecuencias y culparlo de cualquier alteración en el estado del tiempo. El consenso científico actual es que el planeta está experimentando un proceso de calentamiento y que el mismo está atado al aumento de la concentración en la atmósfera de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana. Desde los inicios de la revolución industrial hacia 1750, se estima que el mundo ha emitido unas 500.000 millones de toneladas de carbono. En los últimos 100 años, cuando se dio la inmensa mayoría de esas emisiones, la temperatura media del planeta aumentó un grado centígrado.Al ritmo actual, se estima que el mundo emitirá las segundas 500.000 millones de toneladas de carbono de aquí al 2045 y las terceras 500.000 al 2080. Se espera que ello conlleve un calentamiento adicional de entre uno y cuatro grados centígrados a fines de siglo. Aunque nadie sabe a ciencia cierta qué consecuencias traerían estos cambios, también existe un consenso científico sobre los grandes riesgos ecológicos y económicos que implicarían.El consenso científico, sin embargo, llega hasta allí. Los fenómenos climatológicos y sus diversas interacciones son extremadamente complejos, y nuestro entendimiento actual de los mismos bastante limitado. Hay datos recientes, por ejemplo, que chocan con la teoría. Tras experimentar un alza de 0,5 grados centígrados entre fines de los 70 y fines de los 90, la temperatura promedio mundial se ha mantenido estable por casi quince años. Y esto durante el período de más altas emisiones de carbono en la historia. Es posible que el clima sea menos sensible a la acumulación de carbono de lo que anteriormente se pensaba. No obstante los graves riesgos que plantea, es fundamental que la humanidad logre calibrar adecuadamente su respuesta al cambio climático. Dado el insuficiente conocimiento que hay del fenómeno y sus posibles impactos, es fácil sucumbir al canto de sirena de estrategias de beneficios inciertos pero costos muy claros. ¿Es razonable que España, en una terrible crisis, invierta casi uno por ciento de su PIB en subsidios a energías renovables con un impacto marginal en emisiones? ¿Han valido la pena los 130.000 millones de dólares que ha destinado el gobierno alemán en los últimos años a subsidios a la energía solar? ¿No habría mejores maneras de emplear los 250.000 millones de dólares que gasta cada año en su política climática la Unión Europea?Reducir las muertes evitables de miles de niños y sacar a 1.000 millones de personas de la pobreza absoluta son el desafío más ingente del mundo contemporáneo. Onerosos subsidios a las energías alternativas, restricciones taxativas a las emisiones de dióxido de carbono, una guerra frontal contra los combustibles fósiles y otras medidas que encarecen la producción y generan grandes ineficiencias económicas pueden condenar a millones a la miseria y errar el blanco en cuanto a contener el calentamiento planetario se trata.

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