Migraciones y economía urbana

Migraciones y economía urbana

Febrero 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

Muchos caleños se lamentan (sin duda con razón, aunque a veces sin descanso) de los años de estancamiento que vivió nuestra ciudad en las dos décadas pasadas. Dos fenómenos que aducen, entre otros, para explicar dicha crisis, son la fuga de talentos locales a Bogotá y el exterior, y el influjo de grandes migraciones con muy baja educación. Las teorías de economía urbana ofrecen un buen marco para entender y poner en perspectiva estos hechos, que son a su vez causa y consecuencia de la problemática de Cali.En su libro El Triunfo de la Ciudad, el economista urbano Edward Glaeser hace una magistral apología de la urbe demostrando cómo ésta es la ‘máquina’ más poderosa que ha concebido el hombre para generar prosperidad y bienestar. Allí incluye una reflexión elemental pero brillante: “las ciudades no producen pobres, los atraen”. Las oportunidades económicas y de toda índole que se desprenden de la densidad de conocimientos, capacidades y capital que aglomeran los núcleos urbanos se convierten en seductores incentivos para el influjo de personas de zonas menos favorecidas. No por nada el hilo conductor del desarrollo económico en Colombia y el mundo en los últimos 100 años ha sido la migración del campo a las ciudades.Lo anterior no es controversial. Lo que sí lo es en la perspectiva de Glaeser es que, en cuanto las ciudades son el mejor instrumento para sacar gente de la pobreza, estos influjos masivos son “eficientes” desde un punto de vista macro. Resulta mucho más factible dotar de servicios públicos, educación y posibilidades de trabajo a las personas en áreas urbanas. Esto no significa que ello no acarree grandes costos para la ciudad receptora, ni que haya que ignorar el desarrollo rural o de poblaciones intermedias. Lo que si quiere decir es que problemáticas de inmigración como las de Cali, tan próxima a regiones deprimidas, son en cierto grado inevitables.Los planteamientos de Glaeser ayudarían a explicar también el éxodo de talentos caleños a ciudades como Bogotá, que con un tejido urbano incluso más denso y mayor multiplican las oportunidades económicas. En este ámbito, son pertinentes las reflexiones de otro gran economista de las ciudades, Gilles Duranton. Este sostiene que por los “efectos de red” que generan las aglomeraciones de conocimiento y capacidades, entre más grande la ciudad, mayor su producción (y por ende ingreso) no solo total sino también por habitante.De ser éste el único factor a considerar, se pensaría que ciudades como San Pablo, Nueva York o Shanghai crecerían de forma casi ilimitada, pues con la llegada de nuevas personas aumentarían los efectos de aglomeración positivos y por ende los ingresos de sus habitantes. Sin embargo, Duranton también señala que los costos de vivir en una ciudad (por congestión, mayor demanda de suelo, etc.) también crecen con el tamaño de la misma. Es más, en algún punto el aumento de los costos pasa a ser mayor que el aumento de los ingresos. Este fenómeno comienza de alguna manera a darse en Bogotá, donde los salarios más altos del país ya no compensan los costos económicos y de otra índole de vivir en ella.Aquí hay dos lecciones para Cali. La primera es que sería razonable exigir mayores recursos del gobierno central—que acapara la inmensa mayoría de los impuestos—en “compensación” por el “servicio” que presta Cali mejorando las vidas de miles de personas y los costos que necesariamente incurre con ello. La segunda es que tenemos que aprovechar la circunstancia de que la expansión de Bogotá comienza a ser un lastre para atraer nueva inversión y talentos a la ciudad.

VER COMENTARIOS
Columnistas