La política del miedo

Junio 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

A pesar de las buenas noticias que emanaron de Colombia, la semana que termina fue mala para el planeta. La decisión de los ciudadanos del Reino Unido de salirse de la Unión Europea—hecho sin precedentes en su historia de más de 6 décadas— genera enormes incertidumbres en un mundo ávido de estabilidad, y amenaza la continuidad de uno de los logros políticos más significativos de la historia, como es la unión voluntaria y pacífica de decenas de naciones con historias centenarias de hostilidades atroces.Racionalmente, es difícil entender la decisión de los británicos. El Reino Unido tiene un estatus preferencial en la Unión Europea (que muchos en el continente resienten), el cual le permite, de alguna manera, obtener ‘lo mejor de ambos mundos’. Tiene libre acceso de sus productos y servicios a la economía más grande del planeta (lo que ha contribuido a que Londres sea la capital financiera de Europa), pero, a la vez, conserva su propia moneda y, al no formar parte del Área Schengen, ejerce mayor control sobre sus fronteras. Por si fuera poco, su contribución neta a la UE (8.000 millones de libras/año o un 0,5% del PIB) tiene un descuento del 28% frente a lo que pagan otros países ricos del grupo. Y a pesar de la ‘injerencia indebida’ y ‘regulación opresiva’ que según las derechas libertaria y nacionalista padece el Reino Unido por su membresía de la UE, éste mantiene un modelo económico propio, menos estatista que los del continente, que le ha permitido superar en producción a Francia que, en 1973, cuando el RU se incorporó a la UE, tenía un PIB bastante mayor.El impacto de esta trascendental decisión en la economía y sociedad británicas es, por supuesto, difícil de predecir. ¿Seguirá Escocia en el Reino Unido cuando hace sólo dos años votó 55%/45% en favor de permanecer, pero ahora votó 62%/38% por seguir en la UE? ¿Se revivirán las tensiones en Irlanda del Norte entre católicos ‘pro-Irlanda’ y ‘pro-EU’ y protestantes ‘pro-ingleses’? De momento, los mercados parecen creer que económicamente el país se empobrecerá (la Libra cayó 8% el viernes; la acción de British Airways 23%). Sin embargo, el mayor daño, inequívocamente, será sobre una Unión Europea ya muy golpeada desde la crisis de 2008. Ésta pierde a su segunda economía, una de sus dos potencias militares y al principal proponente de un modelo económico ‘anglo-sajón’ que ofrece un sano contrapeso a las inclinaciones continentales de corte más socialista. Ya los partidos de ultraderecha de Holanda, Francia y el norte de Italia claman por referendos propios…Para quienes consideramos que la UE, con sus defectos, es una de las grandes fuerzas del bien en el mundo, un referente de libertad con solidaridad, y un actor indispensable en la preservación de la estabilidad y la paz, en la lucha contra flagelos globales como el cambio climático y el terrorismo, y en la defensa de la democracia y la economía de mercado, el resultado es nada menos que trágico. Más aún cuando es sintomático del ascenso de una política xenófoba y nacionalista, basada en el miedo, que hace carrera en Europa y en los Estados Unidos del candidato Trump; una política que difícilmente contribuirá a afianzar los frentes comunes que requiere la humanidad para encarar los desafíos del siglo XXI, cada día menos locales y más globales.Addendum: ¿Propende la Alcaldía de Buenaventura por el interés general cuando ordena parar la obra del Puerto de Aguadulce —la mayor inversión asiática en el Valle del Cauca— ya a meses de concluirse tras 10 años de planeación, consultas, permisos y construcción?Sigue en Twitter @estebanpie

VER COMENTARIOS
Columnistas