Hablemos de clusters

Enero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

En 1990, el profesor de la escuela de negocios de Harvard Michael Porter revolucionó el entendimiento de las dinámicas empresariales acuñando el término ‘cluster’ en su libro La Ventaja Competitiva de las Naciones. El concepto de cluster empresarial se refiere a una concentración geográfica de compañías interrelacionadas, proveedores especializados y entidades conexas (ej. centros de investigación) en un mismo ámbito de la economía. Porter señala que los clusters mejoran la competitividad de tres maneras: aumentando la productividad de las firmas, motivando la innovación en su campo de acción y estimulando la generación de nuevos negocios en el mismo.En los últimos tiempos, gobiernos y entidades de fomento han intentado brindar las herramientas e incentivos para la consolidación de clusters y encadenamientos productivos que puedan acelerar el crecimiento económico. En Colombia, los logros en este frente han sido bastante limitados. Una de las razones que se plantea es que el énfasis ha sido sectorial-nacional en vez de geográfico y, por tanto, los programas no han considerado debidamente los tejidos empresariales y vocaciones productivas locales.Actualmente la Gobernación del Valle, la Alcaldía de Cali, la academia, la Cámara de Comercio y otras entidades vienen adelantando un ejercicio conjunto de relevamiento de datos que permita no solo identificar sino visibilizar y “empaquetar” los clusters actuales y emergentes del departamento, lograr que quienes los componen (tanto competidores como colaboradores) conversen entre sí y poder diseñar estrategias y programas de intervención pública que fomenten su expansión como palancas de generación de riqueza y empleo.Pensar en clusters requiere una nueva manera de entender el mapa empresarial. Por ejemplo, en el Valle es obvio hablar del sector azucarero, el cual factura cerca de $4 billones de pesos al año. Sin embargo, resultaría más fructífero, no solo por la perspectiva innovadora que brindaría sino para una efectiva promoción y mercadeo, hablar, por ejemplo, de un cluster de “bio-energía”. Al fin y al cabo, los ingenios producen, a partir de fuentes biológicas, calorías para humanos y animales (azúcar y mieles), para automóviles (etanol) y para industrias y hogares (co-generación eléctrica).Además, la conversación tendría que ir mucho más allá de los ingenios e incluso, como ya sucede, de los agricultores y los centros de investigación. Tendría que incorporar, por ejemplo, a los proveedores de maquinaria, agroinsumos y servicios que no están debidamente visibilizados ni participan en los diálogos del sector. Asimismo, sería interesante tener en cuenta a transformadores de esas calorías, como la empresa biotecnológica Sucroal que produce ingredientes alimenticios, solventes y alcoholes a partir del azúcar. ¿Y por qué no a las empresas confiteras (nacionales y multinacionales) asentadas en la región que venden cerca de $2 billones?En el Valle también habría nuevas maneras de concebir y agrupar en clusters conectados a tendencias globales, a empresas de cosmética y productos de belleza, a firmas farmacéuticas y de alimentos (¿cluster de ‘nutraceútica’?), a compañías de software y BPO, a los prestadores de turismo de salud, etc. El trabajo en curso, que se presentará en mayo próximo, en un evento con el profesor Porter, pretende dotar a la región de nuevos contenidos y perspectivas para generar conversaciones más fructíferas en torno al desarrollo empresarial en el siglo XXI.

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