Frutos de prosperidad

Octubre 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

El último (y único) clúster frutícola de clase mundial que ha desarrollado Colombia, el del banano, data de la época de Aureliano Buendía. Es inverosímil que un país dotado de una variedad extraordinaria de frutas autóctonas, grandes extensiones de tierras aptas y toda la gama de pisos térmicos no haya logrado consolidar ni una sola propuesta frutícola nueva en los últimos cien años. Los despachos de frutas frescas y preparadas de Colombia al exterior, excluyendo banano, escasamente alcanzan los 100 millones de dólares al año, una cifra marginal en un mercado enorme que crece a tasas superiores al 20% anual.Lo más triste quizás es que países vecinos son jugadores exitosísimos en el mercado mundial. Nuestros socios de la Alianza del Pacífico, por ejemplo, son potencias frutícolas. México es el mayor exportador mundial de aguacate, papaya, mango, sandía y limón. En 2012 exportó cerca de 3.000 millones de dólares en frutas (1.200 millones solo en aguacate). Chile, por su parte, es el mayor exportador mundial de uva (1.500 millones de dólares) y el segundo de aguacate. El Perú, con menos trayectoria, ya despacha al exterior 900 millones de dólares en fruta.Incluso países con escalas geográficas bastante menores, como Costa Rica y Guatemala, que también tienen historia en el cultivo del banano, han logrado posicionar nuevos productos afuera. El primero es el mayor exportador mundial de piña con 790 millones de dólares despachados en 2012; y el segundo el mayor exportador latinoamericano de melón con cerca de 200 millones de dólares.No hay un departamento de Colombia mejor posicionado para aprovechar el auge internacional en el consumo de frutas que el nuestro. El Valle cuenta con una variedad de pisos térmicos que le permiten producir desde coco en Buenaventura hasta fresa en la cordillera. Tiene además salida a la cuenca del Pacífico, el mayor mercado mundial, y cuenta con capacidades técnicas únicas en Colombia (v.gr. Ciat, Corpoica, las Universidades del Valle y Nacional, etc.), con una importante trayectoria frutícola en el norte, y con empresas agroindustriales de gran fortaleza patrimonial.Tras la larga noche que siguió a la debacle de Grajales, el sector frutícola del Valle está dando señales de recuperación. Hay más de 30.000 hectáreas dedicadas a este rubro y en los últimos cuatro años, las sembradas de aguacate y piña han aumentado a una tasa anual del 9% y el 8%, respectivamente. Algunos ingenios han visto allí una oportunidad de diversificación. Oriente se asoció con la chilena Olmué para montar una planta de congelación rápida (IQF) en Palmira. Riopaila-Castilla tiene importantes cultivos de piña en el Valle y Manuelita de uva, aunque por lo pronto en el Perú. Varios empresarios de la región se han unido en torno a la empresa Fructificar, que se ha trazado el objetivo de generar 40.000 empleos, para comprar y adecuar tierras para la producción de frutas en forma directa o en asocio con pequeños productores. Ya han entablado conversaciones para asociarse con firmas chilenas y surafricanas expertas en el ramo.Para el éxito de este negocio, que podría generar gran actividad económica en zonas planas y de ladera, muchas de ellas azotadas por el conflicto, es vital el acompañamiento del estado en infraestructura y capacitación técnica y comercial. Y también es fundamental la focalización en un puñado de productos, ejercicio difícil en un departamento tan rico en tierras fértiles y diversas, pero clave para generar escala y competitividad.

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