¿Debido proceso o linchamiento mediático?

Junio 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

En las últimas semanas, el sector azucarero colombiano ha sido la comidilla de periodistas y comentaristas capitalinos gracias a investigaciones que adelanta la Superintendencia de Industria y Comercio sobre presuntas prácticas anti-competitivas. La ‘Súper’ está en todo su derecho de evaluar los diferentes renglones que componen la economía colombiana dentro de su misión de resguardar los intereses del consumidor nacional. Lo que es lamentable en éste y en casos similares, es cómo periodistas de enorme influencia prejuzgan y emiten conceptos ligeros y lapidarios sobre procesos aún en curso y sobre políticas públicas que involucran aspectos técnicos complejos y tocan el sustento de cientos de miles de personas.En el caso del sector azucarero cualquier análisis serio sobre sus mecanismos de fomento se debe enmarcar dentro de un contexto bastante particular. El agrícola no es un ramo productivo como cualquier otro, pues forma parte de la tradición milenaria de todas las naciones. Por motivos culturales, políticos y/o de seguridad alimentaria, tanto países ricos como en vías de desarrollo implementan abiertamente políticas especiales para incentivar la producción local. Los subsidios directos, barreras arancelarias, cuotas de importación y de mercado interno, precios de garantía, exenciones de impuestos, entre muchas otras, hacen parte de la ‘batería’ de medidas que adoptan los países buscando el desarrollo de su sector agrícola y sus áreas rurales.El mercado internacional del azúcar está especialmente distorsionado por este tipo de instrumentos. En Europa y los Estados Unidos, por ejemplo, operan subsidios y protecciones que conducen a precios internos altísimos y a la generación y venta de excedentes al mercado mundial por debajo, en ocasiones, de su costo de producción. Países tan diversos como Turquía, China, México, Rusia, Perú, Guatemala y Pakistán implementan mecanismos similares. En Colombia, el Fondo de Estabilización de Precios del Azúcar se incluye entre los que hay para el cacao, la leche, la palma de aceite y el algodón, entre otros, y el Sistema Andino de Franjas de Precios, establecido en 1991 por los países de la CAN, toca a más de 100 tipos de alimentos y materias primas que se tranzan con alta volatilidad de precios en mercados internacionales. Habida cuenta de que el Valle del Cauca tiene la productividad más alta del mundo, la discusión en torno a los instrumentos de política que regulan el mercado azucarero colombiano debe girar en torno de sí al país le interesa el desarrollo de una industria altamente competitiva, pero que opera en un mercado internacional completamente distorsionado. El azucarero es el conglomerado agro-industrial más productivo y sofisticado de Colombia. Cuenta con un centro de investigación mundialmente reconocido, genera excedentes para la exportación, ha logrado expandirse con plantas propias a países como Perú, Brasil, México y Nicaragua, se ha diversificado a productos del Siglo XXI como el etanol y la bio-energía, y ha catalizado el surgimiento de industrias de valor agregado como la confitera y la sucro-química. Más importante aún, en sus zonas de influencia contribuye a que las condiciones de vida de sus habitantes sean muy superiores al promedio del campo colombiano. Toda política pública puede ser sujeta de revisión, lo mismo las prácticas de un sector. Pero su linchamiento mediático en nada contribuye al progreso del bienestar general.

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