Elegir Bien

Enero 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ernesto De Lima

Infortunadamente la elección popular de gobernadores y alcaldes no ha sido del todo beneficiosa para nuestro país, como ingenuamente creímos la mayoría de los ciudadanos, que veíamos en estas normas una sana expresión de democracia, lo que en teoría es estrictamente correcto.Sin embargo, con mucha tristeza debemos aceptar que la realidad ha sido bien distinta, ya que son innumerables los casos de gobernadores y alcaldes que apelando al populismo. Se hacen elegir para luego dedicarse a saquear las arcas de sus regiones o ciudades, como ha ocurrido en nuestra ciudad y en nuestro Departamento, ¡con honrosas y contadas excepciones! Y qué decir del dolor de patria que nos produce el escuchar las noticias sobre la destitución de alcaldes y gobernadores por parte de la Procuraduría General de la Nación, debido a la falta de transparencia en su gestión. Por fortuna, en las pasadas elecciones para elegir a estos gobernantes, ciudades como Barranquilla y Cartagena y el propio departamento del Atlántico, lograron sacudirse del largo yugo de alcaldes y gobernadores incompetentes o corruptos, muchos de los cuales habían sido destituidos en el pasado por la Procuraduría por actuaciones irregulares, siendo un ex alcalde de Cartagena el ‘campeón’ de ellos, por haber sido destituido en cuatro oportunidades y, pese a ello, sus obsecrados seguidores políticos lo volvían a postular como candidato en futuras elecciones. Y lo paradójico es que cada vez resultaba reelegido.Y qué decir de lo que sucedió en Bogotá en la última elección de alcaldes, en donde los ciudadanos escogieron un candidato promesero en lugar de la otra alternativa que tenían, que era nada menos que el ex alcalde más exitoso que ha tenido la capital del país, y ahora están pagando las consecuencias de su equivocada decisión.Pero tal vez lo más insólito de toda esta verdadera tragedia nacional, es el hecho de que muchos de esos gobernantes destituidos pretenden continuar ejerciendo sus funciones a través de interpuestas personas, como es el caso de un muy ‘publicitado’ ex gobernador de nuestro Departamento, y de muchos otros personajes que hábilmente logran que sus cónyugues u otros familiares cercanos sean quienes los terminen reemplazando.En mi opinión, para lograr que nuestros ciudadanos entiendan la trascendencia que tienen los procesos electorales y no respalden con su voto a los candidatos que más promesas hagan, sino a aquellos que mejores ejecutorías puedan demostrar en su hojas de vida y que, por supuesto, no tengan la menor sombra de duda sobre la transparencia de sus actos, es necesario adoptar medidas para que en nuestras instituciones educativas de todo nivel se imparta educación sobre la importancia de elegir bien a nuestros gobernantes y, al mismo tiempo, las autoridades intensifiquen su lucha contra la nefasta compra de votos. Si esto no se hace, corremos el riesgo de que en cualquier momento futuro los ciudadanos hastiados de la mala gestión de los mandatarios de turno, terminen castigando a los representantes de los partidos institucionales y depositen su voto por candidatos populistas y promeseros, como ha ocurrido en algunos países de Latinoamérica, causando graves daños a sus respectivas instituciones democráticas.

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