Volvió a llover

Noviembre 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Volvió a llover, y Colombia volvió a inundarse y sus vías a derretirse. En esta temporada hay otra vez casi cien carreteras cerradas, incluyendo la más importante del país, y van ya 113 muertos y desaparecidos, 400.000 personas afectadas, y miles de hectáreas inundadas en más de una tercera parte de los municipios del país. Es hora de establecer responsabilidades y tomar medidas serias para evitar que tragedias como esta se sigan repitiendo.Las primeras responsables de lo que está sucediendo son las autoridades que definen, regulan y controlan los usos del suelo urbano y rural y que aceptan asentamientos en zonas de alto riesgo. Tanto como a ellas, les cabe especial culpa a las encargadas de las cuencas, cuya falta de gestión para el mantenimiento de las estructuras de protección de los ríos, esenciales para evitar desastres, es dramática. Aunque en algunas de estas laboran técnicos respetables, son en general focos de corrupción y desaliño, frutos de la desastrosa Ley 99/93 que regula su operación y que condujo a su politización y degradación. Cuán torcidas están lo muestra en Bogotá el ataque de la CAR a la Universidad de la Sabana porque demostró que con diligencia y tino era posible evitar las inundaciones. Urge que el Gobierno tramite una nueva ley que les devuelva la utilidad y prestancia que una vez tuvieron.En cuanto al horrible estado de nuestras vías, éste es fruto de la perenne pésima gestión del Ministerio de Transporte. La evidente incompetencia de los ministros de los últimos lustros, coronada por la total parálisis del personaje que ocupó ese cargo en el pasado gobierno, le ha dejado al país una malla vial obsoleta, diseñada y construida hace décadas, para un tráfico muy inferior al actual y para vehículos mucho más livianos que los que la utilizan hoy.Para ejemplo, el paso de La Línea. Una carretera que se diseñó en la primera mitad del Siglo XX y se pavimentó a finales de los 50 es insuficiente para el país de hoy, a pesar de las rectificaciones o ampliaciones limitadas que se le hubieran hecho. Es clara y urgente la necesidad de impulsar y culminar los proyectos previstos para su ampliación y rectificación definitiva, incluyendo las dobles calzadas ya definidas, así como los nuevos trazados, obras complementarias, viaductos, túneles, y las obras de adaptación y mitigación que requiere.¡Pero que no la vayan a dar en concesión! Esta vía debe manejarse como obra pública, pues es un recorrido estratégico, esencial para la economía nacional y para nuestra competitividad. Si hemos sido capaces en el pasado de acometer grandes proyectos de infraestructura, un país que es hoy mucho más rico no debe entregar en concesión una vía de tan trascendental importancia, en otro más de esos contratos de tan poco éxito y tan grandes costos para Colombia. Es fácil imaginarse a esas sanguijuelas de las concesiones inventando excusas para mantenerla eternamente en obra e incrementarles desaforadamente el costo de transitar por ella a generaciones y generaciones de colombianos.El ministro Cardona sabe bien los billones que las concesiones viales han drenado y drenan del sistema vial colombiano, y debe evitar que ese daño se repita en este caso. Así como debe concluir rápidamente los planes y diseños que le permitirán iniciar la construcción de las modernas vías que el país requiere, incluyendo la alternativa al paso de La Línea.

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