Vivienda

Vivienda

Septiembre 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El Gobierno contaba con cinco ‘locomotoras’ para crear 2,4 millones de nuevos empleos y formalizar 500.000 en sus 4 años: innovación, infraestructura, agricultura, minería y vivienda. Dos de ellas, innovación e infraestructura, aunque necesarias para un desarrollo sano y sostenible, no son grandes generadoras de empleo a corto plazo y, además, no han empezado a funcionar. Con un Ministerio dedicado a la politiquería y a empujar una reforma agraria, la locomotora de la agricultura ni funciona ni lo hará en el futuro previsible. Y la de la minería, que sí funciona plenamente, lo hace para ayudarle al Banco de la República a agudizar la enfermedad holandesa que destruye el empleo en los demás sectores. Eso deja sólo a la vivienda como motor de la generación de empleo en el país.La construcción de vivienda es intensiva en mano de obra, tiene eslabones directos con muchos otros sectores productivos e impulsa el desarrollo de infraestructura urbana y rural. Siempre ha sido un elemento importante en la generación de empleo y el crecimiento económico, y por eso, el Plan de Desarrollo le fijó una meta de un millón de unidades para el período 2010-14, 65% de ellas de interés social (VIS). Lamentablemente, la promesa de regalar 100 mil viviendas en el próximo bienio imposibilita lograr ese objetivo.Entre agosto de 2010 y marzo de 2012 se habían iniciado apenas 25% de las 650.000 VIS previstas en el Plan de Desarrollo. Este pobre desempeño se ha deteriorado, y el Dane reporta que para el año agosto 2011-julio 2012 se aprobaron 169.935 nuevas soluciones de todo tipo, lo que significa una reducción del 21,7% contra el período anual precedente, con una caída de la VIS del 31,2%. Y en enero-julio de 2012 el área aprobada para construcciones en el país cayó aún más, 24,3% frente al mismo período en 2011, con una caída de 40,4% para la VIS.En buena medida, estas caídas se deben a que usuarios y compradores están expectantes por saber quiénes serán los beneficiados con una piñata que se llevará los recursos que debieran usarse para otros programas mucho más masivos y de mayor conveniencia nacional. Si los más de $4 billones que se estima se gastarán en las 100 mil viviendas se destinaran, por ejemplo, al programa de subsidio a tasa hipotecaria (que exige un esfuerzo del comprador), se respaldaría la adquisición de vivienda de interés social de cerca de 500 mil familias y se le daría un impulso real a la única locomotora que tiene una posibilidad seria de generar el empleo que Colombia requiere.El regalo ha generado, además gran rechazo entre los muchos que piensan que se debe ayudar a quienes carecen de vivienda y están dispuestos a pagarla, antes de empezar a regalarla. Existe también un temor generalizado de que los nuevos dueños, por no haberlas pagado, no cuidarán bien esos regalos. Los ciudadanos temen justificadamente el deterioro de la calidad de vida de sus vecindarios y del valor de sus viviendas.Por loable y altruista que sea este programa, no será suficiente para cumplir el Plan de Desarrollo, ni constituye una política sostenible que permita al país encontrar una solución definitiva al déficit nacional de viviendas. El daño que le está ocasionando a la generación de empleo en el país y la pobrísima acogida que tiene en la comunidad hacen necesario que sea revisado y que los recursos que demanda se destinen a usos de beneficio más general.

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