¿Verdes laderas?

Septiembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

De Estambul a San Francisco, pasando por Roma, Barcelona o Los Ángeles, las grandes urbes del mundo civilizado situadas en o al lado de colinas utilizan sus laderas para desarrollos urbanísticos que aportan a la belleza de la ciudad y preservan el medio ambiente. Aquí no. En Cali, con los más torpes argumentos ideológicos, desde hace décadas se tiene bloqueado el desarrollo ordenado de nuestras laderas, para, de hecho, propiciar su destrucción mediante el continuo establecimiento de invasiones ilegales, bajo la mirada tolerante, cuando no cómplice, de las autoridades de turno. Para no ir más atrás, el POT hoy vigente, aprobado en 2000, estableció una categoría ilegal llamada “régimen diferido” que ubicó las laderas de Cali en un limbo que impidió cualquier desarrollo urbanístico ordenado en ellas, entre otras razones porque ningún gobierno municipal cumplió con su obligación de presentar unos estudios para permitirlo. Esto abrió las puertas a la explosión de invasiones subnormales, riesgosas y caóticas en las laderas de Cali. Se estiman en 60 mil los tugurios construidos sin permiso en las 525 hectáreas invadidas durante los 13 años del POT 2000. Quienes lo propusieron o aprobaron debieran responder por su ilegalidad y, sobre todo, por el tremendo daño que con ella le causaron a Cali.El tema vuelve al tapete con la discusión del nuevo POT. La disyuntiva es clara: seguimos asistiendo impotentes a la invasión creciente de las laderas, tugurizadas, con viviendas indignas en asentamientos desordenados y de alto riesgo, o se opta por un uso organizado de ese suelo, aprovechando las posibilidades de expansión urbana en el piedemonte, donde es posible tener desarrollos modernos de vivienda formal, digna y segura, cercanos a los centros productivos urbanos, con accesos viales organizados y espacios públicos y nuevas áreas de beneficio ambiental para el bienestar de todos los caleños.Lamentablemente, el proyecto de POT hasta ahora conocido busca repetir el error cometido en el anterior y limita la expansión de la ciudad al eje Cali-Jamundí, desestimando que el crecimiento hacia el Sur es desarticulado, con grandes fallas en vías y movilidad, y altos costos para la provisión de servicios, y deja otra vez por fuera a la zona de ladera. Los centros productivos y de empleo de la ciudad se concentran en el norte, centro y centro-sur de la ciudad. Es obvio que la zona de ladera está más cerca de ellos que las otras áreas, y debiera dársele prioridad para un crecimiento urbano ordenado.Para ese piedemonte, el proyecto establece normas locas, como exigir una hectárea de terreno por vivienda, en el caso remoto de aprobarla. Como en el pasado, mientras la ocupación legal y ambientalmente sostenible de las laderas queda proscrita, las invasiones ilegales no necesitarán permiso y encontrarán en esas limitaciones de papel nuevos espacios que los corruptos usarán para continuar destruyéndolas. ¿Verdes laderas?: ¡Cambuches es lo que habrá!Es imperativo que el Gobierno Municipal, la CVC, los concejales y todos los que participen en la aprobación del POT actúen esta vez correctamente, y definan un esquema técnico y previsivo que permita el desarrollo urbano sostenible de las laderas de Cali, para el crecimiento ordenado de la ciudad y el bienestar de sus habitantes. Lo contrario es seguir destinándolas a la tugurización ilegal que tanto daño ha causado.

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