Venezuela, Farc, Cali

Venezuela, Farc, Cali

Febrero 13, 2018 - 11:50 p.m. Por: Emilio Sardi

1. Para sostener la corrupción de sus gobernantes, los venezolanos mueren por falta de alimentos, de medicamentos y de insumos hospitalarios. Aunque el éxodo generado por ese genocidio era absolutamente previsible, ha tomado por sorpresa a nuestro gobierno. Y éste, en medio de su imprevisión, lejos de organizarse para darles un trato humanitario a quienes buscan refugio de un gobierno cruel y torcido, ha anunciado medidas para detenerlos con la fuerza de su burocracia.

Aunque probablemente no servirán, esas medidas mueven a reflexión. En Colombia se ha criticado mucho la posición del presidente Trump sobre la inmigración ilegal a su país y la que él considera necesidad de cuidar sus fronteras. En cambio, no ha habido crítica alguna a las medidas que nuestro gobierno ha anunciado para detener el ingreso de venezolanos que buscan refugio en nuestro país por razones, esas sí, de clara supervivencia. Evidentemente, es más fácil ser solidarios con quienes quieren cruzar las fronteras ajenas que las propias. Y es claro que la caridad humana se ejerce mucho más fácilmente -como bien lo saben los populistas- con los bienes ajenos que con los propios.

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2. No hay duda de la gravedad de los delitos cometidos por la Farc. Reclutamiento y secuestro de niñas y niños para esclavizarlos, enseñarles a matar, violarlos y asesinarlos. Robo. Extorsión. Secuestro. Terrorismo indiscriminado. Asesinato. En fin, el catálogo completo de la perversidad. Como tampoco hay duda de que la soberbia y el cinismo de los líderes de esa siniestra banda, así como su desprecio por sus víctimas, ha despertado el rechazo de los colombianos. Por eso, es comprensible la indignación de quienes, sabiendo que en el plebiscito ganó el No, ven a criminales de lesa humanidad en ‘campaña política’ sin haberse siquiera sometido al juicio de la justicia que se inventaron para absolverlos.

Pero esa indignación no justifica las agresiones recientes al jefe de esa cuadrilla, alias Timochenko. Que les digan lo que les digan no importa. Finalmente, en el caso de ellos no son insultos sino simples descripciones. Pero esas agresiones físicas no son aceptables. El ciudadano de bien no debe rebajarse a su nivel. Es en las urnas donde ellos encontrarán el repudio de los colombianos que se merecen.

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3. Por no haberse hecho esfuerzo alguno en décadas para adecuar la infraestructura vial de Cali al crecimiento de su parque automotor, es creciente el deterioro en la movilidad de los caleños y la pérdida de competitividad de la ciudad. Esta situación se ha agravado en los dos últimos años por la pésima gestión de la Secretaría de Inmovilidad municipal, cuyas medidas parecen dirigidas a trancar el flujo vehicular.

Ejemplo reciente es la instalación de separadores postizos dizque para ‘mejorar la geometría de las vías’, que generan represamientos y accidentes donde los han puesto, como en los intercambiadores de calzadas de la Autopista Sur. O la monumental congestión generada en la Avenida Cañasgordas por el capricho de las ciclorrutas. Lo peor es que ahora amenazan con la inminente extensión del caos generado por las ciclorrutas a 192 kilómetros de vías arterias, que estrecharán con la cantinflesca tesis de que “Cali requiere una ‘dieta vial’”. El Alcalde no puede tolerar esa continua agresión contra los cientos de miles de caleños a quienes se les está robando así su movilidad.

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