Urbanismo futurista

Noviembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

En la década de los 50, la firma Wienner & Sert elaboró un plan maestro para el desarrollo urbanístico de Cali, entonces una ciudad de poco más de medio millón de habitantes. Este plan maestro podría en cierta medida asimilarse a lo que hoy se denomina un POT de la ciudad, salvo que fue elaborado por planeadores urbanos de primer orden internacional y no, como los POT, por políticos de dudosa moralidad y técnicos locales de cuestionable capacidad o alto sesgo ideológico.Ese plan maestro sirvió de base para buena parte de las obras viales adelantadas durante la alcaldía de Luis Emilio Sardi Garcés, entre 1966 y 1968. En esos dos años, además de ampliar a cuatro calzadas las entradas a la ciudad, se diseñaron y construyeron vías de gran magnitud, como las autopistas Sur y Oriental, las primeras de 10 carriles en Colombia y aún las únicas de esas especificaciones en Cali, la Avenida Pasoancho y la Avenida Simón Bolívar.En contra de los mitos tejidos después de los Juegos Panamericanos de 1971 (logrados para Cali en esa alcaldía), estas vías no fueron consecuencia de dichos Juegos sino fruto de un plan de desarrollo urbano definido técnicamente con anterioridad. Por eso, abrieron nuevos espacios en sectores no construidos, para su desarrollo ordenado, y aún hoy son fundamentales en un esquema de circulación que, medio siglo después, es más eficiente que el de la mayoría de las ciudades colombianas de gran tamaño. Nacieron de un urbanismo futurista, y la única obra vial de esa alcaldía que tocó el centro de la ciudad fue la ampliación de la Calle 5ª, entre Carreras 1ª y 15, necesaria para unir directamente el Norte con el Sur.Desde esa época, Cali ha tenido alcaldes buenos, regulares y malos (o pésimos, como los recientes predecesores del actual). Unos han hecho obras y otros no. Algunas de ellas han sido de gran utilidad y otras han sido meras excusas para dar contratos. Pero, en general, todas han sido enfocadas a solucionar problemas ya creados, y no a facilitar y guiar el crecimiento de la ciudad. La única que quizás pudo haber sido de las segundas, la Avenida Ciudad de Cali, perdió la oportunidad al quedarse en dos calzadas, en vez de las cuatro que debiera haber tenido. ¡Para no hablar de la infinita torpeza de quien condenó la Avenida Cañasgordas a dos calzadas!Esto parece haber cambiado con el anuncio de la Alcaldía sobre lo que ha llamado “el anillo vial perimetral” de Cali. Con un costo del orden de los $3 billones, esta será un verdadera megaobra que no sólo aportará enormemente a la movilidad de los caleños sino que abrirá nuevos espacios a la ciudad y será determinante en su futuro desarrollo. Obviamente, los estudios y diseños requeridos para unas obras de esta magnitud e importancia tomarán tiempo. Y una vez concluidos, habrá debate. Entre otros puntos, la financiación será motivo de controversia. Los peajes urbanos no son recomendables, pues normalmente se usan para desestimular el tráfico y no para financiar obras, además de que las concesiones en Colombia han demostrado ser solo fuente de enriquecimiento para unos privilegiados a costa del Estado y de los usuarios. Luce más lógico el cobro de la valorización, que deberá hacerse técnicamente, pero tendrá opositores. Y la Nación deberá participar. Sin embargo, ¡qué bueno que después de cinco décadas, volvamos en Cali a trabajar en el futuro, a pesar de los políticos!

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