Un mal modelo

Un mal modelo

Febrero 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Es evidente que el modelo de apertura a ultranza que hace ya más de 20 años le impuso a Colombia el nunca suficientemente lamentado gobierno de Gaviria debe ser revisado, por obsoleto y por sus pobres resultados. Esto será difícil pues los fundamentalistas que lo defienden lucharán por mantenerlo, como lo hiciera recientemente un distinguido exdirector del Banco de la República, quien deploraba que en Colombia la suma de las exportaciones y las importaciones sea apenas el 35% del PIB (19% en exportaciones). Ellos quisieran que no fracasemos como EE.UU. o Japón, donde las exportaciones son sólo el 14% y 16% del PIB, y podamos aspirar a ser como Papua (59%), Angola (63%), Nicaragua (65%), Guinea Ecuatorial (82%) o el Congo (90%), por ejemplo.Pero los hechos hablan. Con un costo fiscal de $1 billón, en medio de una ‘enfermedad holandesa’ exacerbada por las altas tasas de interés del Banco de la República, la más reciente reforma arancelaria (2010-2011) rebajó sin justificación seria el arancel promedio a la mitad del nivel ya muy bajo que tenía. A noviembre de 2012, el déficit comercial del sector industrial ya era un récord, US$27.741 millones, y el desplome de nuestra producción industrial era evidente. Cada vez más sectores productivos piden protección del Gobierno ante la competencia desleal de productores de otros países, subsidiados directamente o a través de tasas de cambio artificialmente favorables. Y si algo demostraron los sombreros ‘vueltiaos’ chinos es que el senador Jorge Enrique Robledo tuvo la razón al vaticinar que, gracias al desacertado manejo de nuestro comercio exterior, acabaríamos importando hasta nuestras artesanías.Para defender a la cadena productiva del calzado y a la de los textiles y confecciones, que generan un millón de empleos directos e indirectos, el Gobierno acaba de verse obligado a darles alguna protección arancelaria. Como también se vio obligado a hacerlo para evitar el colapso de 400.000 lecheros ante la invasión de productos lácteos que ingresan al país al amparo de TLC con Mercosur. A los cafeteros ya se les ha establecido una pequeña ayuda interna, mientras que los azucareros han sonado la alarma ante la importación de 310.000 toneladas de azúcar en 2012. Lo que también están haciendo los productores de autopartes y de plástico, así como los bananeros y los floricultores, entre otros sectores afectados por importaciones baratas o por la caída en ingresos por exportaciones. Hasta el sector hotelero ha advertido que los turistas comienzan a evaluar otros destinos en los que sus dólares rinden más. El clamor de tantas voces muestra el peligro de un modelo dedicado a enriquecer al sector financiero y a darles privilegios a los extranjeros, que ha llevado a Colombia a mantener las más altas tasas de desempleo de la región, con el agravante de que el 51% de quienes aparecen trabajando sufren las penurias del empleo informal. No es lógico ni aconsejable seguir combatiendo el problema con medidas puntuales. La economía no se endereza atendiendo sólo al que más chilla, y debe haber una solución integral. Es hora de cambiar ese mal modelo, y no nos debe dar miedo reemplazarlo por uno con objetivos de real beneficio nacional. Todos los países lo hacen, y aun los que se dicen ser los más amigos de la globalización no dudan cuando tienen que defender su empleo y la competitividad de su aparato productivo.

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