Todos somos peatones

Febrero 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Como no nacemos con ruedas, todos somos peatones en algún momento del día. Y prácticamente todos nos transportamos en vehículos automotores, ya sean buses, camiones, carros o motos. Y todos aspiramos a ser respetados en ambos roles, como peatones o como usuarios de vehículos. Por eso, es inaceptable que los fundamentalistas de la guerra contra los carros que hoy mandan sobre la movilidad de Cali pretendan, en su fanatismo, enfrentar a unos contra otros, como si la misma persona fuera mala o buena según si está montada o no en un automotor. En su cruzada contra los carros, ahora han decidido infartar el tráfico frente al CAM, tumbando el puente peatonal que allí existe para remplazarlo por un semáforo y un policía acostado (o resalto) de dimensiones gigantescas, cuya ilegalidad pretenden esconder tras el pomposo nombre de ‘paso pompeyano’.Es artificial y falsa la disyuntiva entre privilegiar a los peatones o a los automotores en ese punto, puesto que existen soluciones simples y de fácil implementación para eliminar ahí cualquier posible conflicto. Una, sería establecer un paso peatonal a través de un túnel moderno, con las dimensiones e iluminación apropiadas y con ascensores en sus entradas para quienes los requieran. Estos pasos peatonales subterráneos se construyen en creciente número en las principales ciudades del mundo, porque resuelven el tema de las prioridades viales y los usuarios los prefieren a los puentes, pues los consideran más seguros y los pueden cruzar más rápidamente. U otra sería conservar el puente actual y adosarle unos ascensores para discapacitados de los que venden por 20 mil dólares en Internet.Además de innecesaria y torpe, la imposición de los enemigos de los carros es enormemente costosa. En los miles de automotores que transitan frente al CAM se transporta un número de caleños varias veces superior a las 12.000 personas que supuestamente cruzan la Avenida 2ª ahí. La demora de varios minutos en pasar por este punto causada por esta decisión generará centenares de miles de minutos perdidos diariamente por esos pasajeros, con el consiguiente desmedro económico y de su bienestar. A esto hay que añadirle el enorme costo del consumo adicional de combustible de decenas de miles de vehículos caprichosa e innecesariamente trancados ahí diariamente por varios minutos. Y ni qué hablar de las cuentas que debieran hacerse del aporte a la contaminación y al calentamiento global de esos vehículos detenidos en el trancón. Cuentas que obviamente no se hacen porque los fundamentalistas no necesitan hechos y datos para tomar decisiones. Para eso, les bastan sus dogmas y prejuicios.Es tan ilógica la medida que casi el 80% de quienes respondieron a una encuesta de El País se pronunciaron en su contra. Pero el atropello sigue en curso, porque los fanáticos no oyen razones. Rodrigo Guerrero ha recuperado las finanzas, el orden y la dignidad de un municipio que recibió saqueado y descuadernado por sus antecesores. No puede permitir que esta gestión sea empañada por unos aprendices de técnicos que atentan seriamente contra la movilidad de los caleños para darles rienda suelta a sus caprichos y fanatismos. Y mucho menos puede permitir que esos personajes dividan a los caleños creando falsos bandos de ‘peatones’ y ‘usuarios de automotores’. Esto destruye la armonía y la convivencia que con tanto ahínco él defiende.

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