Reaparece el pasado

Junio 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Así como quien despierta de un mal sueño busca olvidarlo, los caleños quisiéramos dejar atrás los despropósitos y vagabunderías que se dieron en los gobiernos municipales que precedieron al actual, y simplemente pensar en un futuro mejor para la ciudad. Por primera vez en muchos años contamos con un Gobierno serio, con funcionarios probos y capaces, dedicados a solucionar la infinidad de problemas generados por sus antecesores y a reencauzar a Cali hacia un desarrollo sostenible y de beneficio general, y esa ilusión empieza a lucir alcanzable. Pero no es fácil deshacerse de la pesadilla del pasado porque este sigue reapareciendo con su carga de males, como lo demuestran dos noticias recientes.La primera se relaciona con el tinglado de Sicali y muestra el grado al que llegó el desdén del anterior gobierno hacia el patrimonio público. No solo no adoptó las medidas necesarias para terminar el lesivo contrato con esa unión temporal (como sí lo hizo el actual alcalde), sino que se ha conocido que suscribió un acta que, frente a reclamaciones de Sicali por todo tipo de estrambóticas pretensiones, puede llevar a Cali a pagar $49 mil millones del patrimonio de los caleños, adicionales a los $94 mil millones que Sicali recibió durante la aplicación misma del contrato. Con esa acta se aceptó activar un tribunal de arbitramento frente a un contrato cuya nulidad estudia el Consejo de Estado, y se incluyó un acuerdo que aceptó que tal tribunal conociera solo de las reclamaciones de Sicali, dejando por fuera sus evidentes incumplimientos y abusos.La segunda concierne a Metrocali. El 24 de marzo de 2009, siendo presidente de Metrocali Luis Eduardo Barrera, personaje muy cercano al entonces alcalde Jorge Iván Ospina, Metrocali le entregó, con una garantía en Israel, un anticipo de $6.825 millones a una fantasmagórica empresa de ese país, supuestamente para que construyera, acá en Cali, una terminal del MÍO, cosa que nunca hizo. Hay pocas dudas de que esa plata, entregada en circunstancias tan peculiares, se perdió, y el exalcalde Ospina, fiel a su naturaleza y talante, afirmó a través de Twitter que esa entrega se había hecho en la administración del alcalde Guerrero. A esta obvia falsedad, respondió la actual presidenta de Metrocali, con su habitual claridad y entereza: “Eso es falso, es un mentiroso”.Aunque indigne y mueva a decir ¿hasta cuándo?, este reencuentro de Cali con el exalcalde Ospina no es malo, pues debiera ayudar a recordar su gestión y evitar repetirla. La de Ospina fue la alcaldía de los convenios multimillonarios que evadían las reglas de selección objetiva de la contratación; la de las concesiones de obras dispersas, sin planificación y sin priorización; la de las cuantiosísimas contrataciones directas de todo tipo, incluidas las masivas de servicios personales. La de los $120.000 millones en ‘la renovación’ del Estadio. La de los miles de millones para ‘guardias cívicos’ y los exóticos 40.000 votos del senador hermano del alcalde. La de los gigantescos gastos en los medios de comunicación. La que entregó una ciudad sumida en grandes dificultades y deficiencias en seguridad, empleo, infraestructura, desarrollo social y competitividad, y con un legado de proyectos y gestiones cuestionables, como las que hoy están apareciendo.Por eso, para que Cali no vuelva a caer en ese hueco, es sana esta reaparición del pasado.

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