Pobre español (2)

Pobre español (2)

Enero 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

A riesgo de fatigar a los lectores, con quienes me disculpo si lo hago, retomaré el tema de los ataques que sufre el español en Colombia. Ya me referí a vicios como el abuso del seraque y el mal uso de las palabras, como colocar por poner, duplicidad por duplicación o adolecer por carecer, fruto principalmente de la ignorancia. Hoy me ocuparé del ataque contra el idioma por el uso de términos “políticamente correctos” o “que no causen roncha”.Es paradójico que la mayoría de los habitantes de Colombia, un país con una de las mayores tasas de homicidio del mundo, considere agresivo llamar a las cosas por su nombre, y prefiera los circunloquios y los eufemismos a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Este manejo pusilánime del lenguaje está acabando aquí con el uso de palabras claras, de limpia tradición, remplazándolas con expresiones cursis y postizas. Así por ejemplo, ya en Colombia no hay mancos, cojos o paralíticos sino ‘minusválidos’, y no demoran en llamar a Cervantes “el minusválido de Lepanto”. Como tampoco hay ciegos sino ‘invidentes’, con lo que, de paso, ya ni sabemos si se puede decir que una decisión se tomó a ciegas o si debe decirse que fue tomada “con invidencia”. Similarmente, ya aquí no hay indios sino ‘indígenas’, aunque no es claro cuáles son éstos, pues, según el Drae, indígena es quien es “originario del país de que se trata”, condición que evidentemente se aplica a todos los que hemos nacido en éste. Y tampoco es claro porqué llaman ‘afrodescendientes’ solamente a quienes son de la que antes se llamaba raza negra, cuando de acuerdo con la ciencia, todos los habitantes de Colombia descendemos de aquel primer homínido que caminó en África hace 160 mil años. Y si reservan el adjetivo ‘moreno’ para ellos, ¿debe entonces decirse “indoeuropeo de tez y/o cabello oscuro” para describir a quien antes era calificado de tal? ¿O quizás es ‘oscuro’ también mala palabra?Y ni que hablar de las actividades. Ya no hay choferes en Colombia sino ‘conductores’, como no hay guardaespaldas sino ‘escoltas’. Afectando modestia, los políticos ya no dicen ‘yo’ sino ‘nosotros’, con lo que nunca se sabe si hablan a nombre propio o a nombre de alguna camarilla. Los cocineros fueron remplazados por los ‘chefs’, y aparentemente hoy nadie trabaja en Colombia por la paga, pues en las grandes compañías ya no hay trabajadores ni empleados sino ‘colaboradores’. ¿Qué podrá haber de malo en los términos usados tradicionalmente, para cambiarlos ahora?Los gordos dejaron de serlo en Colombia y hoy son ‘obesos’, si es que no los gradúan a ‘personas con peso no saludable’, como parece ser el término de mayor aceptación política recientemente. Tampoco se puede ya aludir a los niños como ‘menores’, porque no falta el loquito que lo objete alegando la igualdad y que nadie es menor que nadie. Y hasta en el área religiosa cambió el idioma pues se acabaron los protestantes en Colombia y hoy hay sólo ‘cristianos’.La cosa está tan grave que hoy en Colombia las mujeres ya no usan calzones. Hoy usan ‘cucos’ o, peor aún, ‘pantis’, y no los usan para cubrirse el trasero, las nalgas o el rabo sino ‘el pompis’. La verdad es que al español y a los colombianos nos iría mejor si aquí se abandonara ese miedo a llamar las cosas por su nombre y retornáramos al uso correcto de palabras castizas, el cual nunca ha sido malo cuando no ha mediado la mala intención.

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