¡No más guerra!

Noviembre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

En este ambiente de paz que nos rodea, ha llegado el momento de darle fin a la guerra que los colombianos le han declarado al castellano. En medio de todo, ese es nuestro idioma oficial, aunque no sería raro que uno de estos días alguna de nuestras inefables Cortes decida darles el mismo rango a algunas de las lenguas de las comunidades indígenas que hoy son propietarias de un tercio del territorio nacional.Desde puntos opuestos atacan el castellano los ‘dequeistas’ y los ‘antidequeistas’. Los primeros hacen mal uso de la proposición de, anteponiéndola a que injustificadamente (ej.: ‘creen de que eso está bien’). Los segundos, por evitar el ‘dequeismo’ y por pereza de pensar, nunca usan de antes de que (ej.: ‘están seguros que así es más fácil’). Para evitar ambos errores, basta aplicar la vieja prueba de plantear el interrogante de la frase para saber si se requiere el uso del de antes de que. Preguntas como ¿de qué está seguro? ¿de qué se habla? ¿antes de qué? ¿de qué no hay duda?, conducen al correcto uso del de que. ¿Quedaría claro de qué estoy hablando?La moda que se ha impuesto recientemente de substituir el verbo poner por el verbo colocar constituye otro deplorable ataque contra el pobre castellano. Mientras colocar tiene apenas 6 acepciones, poner tiene 44. Aplicar un verbo tan limitado a todos los eventos cubiertos por otro tan rico conduce a los más ridículos dislates. Ya la gente no pone el radio sino que lo ‘coloca’, como ‘coloca’ los canales de televisión. Y se ‘coloca’ roja de la ira cuando alguien ‘coloca’ en duda su inteligencia. No tardarán en decir que el sol se ‘coloca’ y no se pone por el Oeste (¿dirán Colocante en vez de Poniente?), como no faltará quien cambie ‘comcolocar’ por componer o ‘antecolocar’ por anteponer. ¡No! Hay que poner orden. La receta es fácil: poner se puede y debe usar en prácticamente toda oportunidad, mientras que el uso de colocar se debe limitar a sus muy pocas acepciones. Debemos poner al verbo colocar en su lugar, para poner a los colombianos a hablar bien.Algo similar se está incubando con el cada vez mayor desplazamiento de oír por escuchar. Según la RAE, oír es “percibir con el oído los sonidos”, mientras que escuchar es simplemente “prestar atención a lo que se oye”. Se puede escuchar con mucha atención sin oír nada, como se puede oír algo sin necesidad de ponerse a escuchar. Ojalá los colombianos oigan mi ruego y no caigan en la tentación de usar ‘escuchar’ cuando debieran decir ‘oír’.Y aunque la más reciente agresión contra el castellano proviene de distintas fuentes, su más egregio representante es el camarada Nicolás Maduro, el amo de millones y millonas de venezolanos y venezolanas. Al usar estos personajes siempre los dos géneros, violan la norma de concordancia que establece que “la coordinación de dos o más sustantivos o pronombres de diferente género gramatical forma un grupo que concuerda en masculino con el adjetivo o con el pronombre”. Dada su ignorancia, no luce improbable que, además, para evitar discriminaciones, acaben haciendo lo mismo cuando la concordancia se da en el femenino. Para ellos, todas las personas y personos deberemos preocuparnos de que se acaben todas las guerras y guerros, y se les dé un tratamiento justo a las víctimas y víctimos de ellas y ellos. Y esto será así porque toda la gente y el gento debería querer la paz (¿y el paz?). ¿O no?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad