Micos y osos

Julio 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Empujado por unos fundamentalistas dedicados a imponernos los ‘derechos humanos de los animales’, cursa en el Congreso un proyecto de ley dirigido a prohibir el uso de animales en educación e investigación científica en Colombia.El uso de los animales está detrás de los principales avances que ha logrado la humanidad en conocimiento biológico y médico, así como en áreas como el medio ambiente, los desarrollos alimentarios y agropecuarios y hasta la ciencia espacial. Con él, ha sido posible desarrollar métodos de diagnóstico, nuevos tratamientos para enfermedades, acciones de prevención, y tecnologías cada vez más efectivas. Además, los principios éticos que rigen la investigación médica con seres humanos exigen que antes de realizar ensayos con personas, se hayan cumplido experimentos razonables previos que reduzcan su riesgo, entre ellos los ensayos preclínicos con animales.Bloquear la investigación en animales significa que Colombia quede excluida de un campo de la experimentación en el que trabajan tanto países desarrollados como en desarrollo. 84 de los 102 premios Nobel en Medicina o Fisiología otorgados entre 1901 y 2011 dependieron de investigaciones realizadas con animales. Estados Unidos, como líder mundial del tema, tiene actualmente en desarrollo cerca de 20 millones de procedimientos científicos que involucran animales, la Unión Europea cerca de 12 millones, Japón 5 millones, Canadá tiene 2 millones, y se estima que el resto del mundo unos 12 millones.Es absurdo que cuando se anuncian multimillonarios recursos de las regalías para investigación y desarrollo, nuestros legisladores comiencen a cerrar campos en los que Colombia puede adelantar proyectos de investigación que ofrecen un alto impacto y beneficio para la humanidad. Es peligroso que en su afán por superar uno de los momentos de desprestigio más graves de su historia, el Congreso acuda a aprobar irresponsablemente leyes extremistas, que aunque suenen populares, generarán costos irreparables para la comunidad.Preocupa que ese pésimo proyecto pueda tener acogida entre los congresistas que sientan afinidad o identificación con los micos, ratas, lagartos y demás animales que pueden encontrarse en ese augusto recinto. Es irresponsable que con actitud fanática o por lo menos populista, se promuevan decisiones que frenarían las posibilidades para el avance del conocimiento científico en el país en campos esenciales para la vida humana, la vida animal y el medio ambiente.***Tan grande como la indignación que experimentamos los colombianos al ver a nuestros soldados agredidos y humillados por una turba cobarde fue el orgullo que nos hicieron sentir esos soldados por su estoicismo, respeto a las instituciones y obediencia a sus órdenes. Esos hombres merecen todo nuestro respeto y agradecimiento, pero cabe preguntar por qué sus superiores no adoptaron las precauciones necesarias para no exponerlos así.Como también debieran explicar por qué permitieron que se diera el espectáculo que se le trasmitió al mundo de nuestro Presidente afirmando que el Gobierno no cederá un centímetro de territorio, mientras la narcoguerrilla controlaba las vías a pocas cuadras de donde hacía su pronunciamiento. Si no eran capaces de asegurar el territorio, no debieron haber llevado allá a su comandante en jefe. Pareciera que nuestros sargentos están haciendo mejor su trabajo que nuestros generales.

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