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Agosto 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

En mi columna anterior comenté la excelente noticia de la culminación de la adecuación de Charco Azul y la oportunidad que la recuperación de ese sector le brinda a Cali de establecer un verdadero parque del agua en un sitio realmente apropiado para ese fin. Pues bien, esa no fue la única noticia del mes pasado buena para Cali. También hubo la de la tardanza en el proyecto de la Autopista Bicentenario.Según El País, en el Concejo “hacen cuentas y ven con preocupación que el acuerdo 28 de 2009, que le abrió camino al proyecto, ya cumplió su primer año de vida”, y “más de 14 meses después, dicen los concejales, todavía no hay una licitación a la vista, pese a que el acuerdo mismo autorizó al alcalde Jorge Iván Ospina a entregar dicha concesión en un tiempo límite de 18 meses”. Nada mejor podría sucederle a Cali que se vencieran los términos y se evitara el despojo a la ciudad que se pretende consumar con la privatización de una de sus más importantes vías.Los mapas de Cali muestran a la ciudad dividida por una bisectriz casi perfectamente recta que une su extremo Norte con el Sur. Esa bisectriz es una vía cuyo nombre es Autopista Simón Bolívar, en su extremo Sur, Calle 26, en el medio, y Avenida 4, en el extremo Norte. Se recorre en unos 25 minutos desde la Clínica Valle del Lili hasta la calle 70 Norte, a pesar de estar llena de huecos, de buses cometiendo infracciones, de camiones destartalados, de carretillas, de semáforos innecesarios y de todos los obstáculos típicos del caótico tránsito caleño. Si se repararan las vías y se respetaran las normas, este tiempo se reduciría sensiblemente.El trayecto de Norte a Sur es algo más lento, pues cruza la galería Santa Elena y el barrio San Judas Tadeo, donde hay innumerables policías acostados para entorpecer el tránsito y generar contaminación. Si en ese sector se ampliara y utilizara la Calle 25, en vez de la 23, se evitarían estos problemas y el tiempo de recorrido sería similar en ambos sentidos.El proyecto, o mejor dicho, el negocio de la Autopista Bicentenario consiste en entregarles a unos particulares este gran corredor vial para que, después de una inversión que inicialmente decían sería de $320 mil millones, que hoy dicen puede ser de $400 mil, y que seguramente será muy superior al medio billón, les cobren peaje a quienes transitan por ella. El cuento es que así los usuarios podrán atravesar la ciudad en unos pocos minutos menos de lo que les tomaría si la vía actual estuviera en buen estado. Lo que no cuentan es que si los peajes no alcanzan, como seguramente sucederá, el Municipio deberá cubrir el faltante. La celeridad con que el honorable Concejo aprobó el proyecto y el apoyo que recibió del destituido gobernador Abadía dan una buena idea de todo lo que hay detrás de él.La verdad es que con una fracción de lo que pretenden gastar en la tal Bicentenario se podría restaurar y organizar la vía actual para que el tránsito fuera más ágil. Es por lo menos torpe hacerles pagar a los caleños cifras monstruosas por lo que no se necesita y no adelantar obras realmente útiles, como lo serían la Avenida de los Cerros y la continuación de la Ciudad de Cali, que sí prestarían nuevos servicios a la ciudad. Por eso, lo mejor para Cali es que el engendro de la Bicentenario aborte y los recursos de sus ciudadanos se usen juiciosamente. Hay que rogar que esto suceda.

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