Golondrinas envenenadas

Golondrinas envenenadas

Junio 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Por los nocivos efectos que sufrió el aparato productivo holandés a raíz del descubrimiento y explotación de los yacimientos de gas en el Mar del Norte en los años 60, se llamó ‘enfermedad holandesa’ al fenómeno de expansión del ingreso de divisas por auges en la exportación de recursos naturales como el petróleo y los minerales que, cuando carece de las salvaguardias adecuadas, genera revaluación de la moneda local y contracción y pérdida de empleos en otros sectores productivos, e incluso efectos negativos finales en la economía como un todo. En otras palabras, a lo que viene sucediendo en Colombia desde hace unos años.Los países disponen de estrategias para combatir la enfermedad holandesa, tales como incrementar las reservas en moneda extranjera del banco central o como crear fondos de estabilización. O, al contrario, pueden tomar medidas que lejos de atenuar los efectos de la enfermedad holandesa los exacerban, como incentivar el ingreso de capitales golondrina, a través de lo que pomposamente en el Banco de la República llaman “inversiones de portafolio”. Lamentablemente, lo cierto es que nuestro aparato productivo se encuentra entre dos fuegos porque el Estado colombiano ha optado por el segundo camino y no el primero, y el estado de asfixia del sector productivo es cada vez más preocupante.Por un lado, cada día es mayor la concentración de nuestro comercio exterior en el sector minero-energético. De 2010 a 2013, nuestras exportaciones totales crecieron 48%, a US$58.824 en 2013. En ese lapso, las exportaciones minero-petroleras crecieron 62% (mientras que las otras crecieron sólo 18%) y pasaron de ser el 66% del total en 2010 al 72% en 2013. Cada vez somos más un país limitado a exportar minerales y petróleo, actividad que si bien mueve la inversión extranjera en capital, reexporta al tiempo multimillonarias utilidades y sólo genera un porcentaje mínimo (apenas 1%) del empleo nacional. En 2013, el déficit de nuestra balanza comercial manufacturera ya alcanzó US$35.685 millones, lo que demuestra claramente la debilidad que genera en nuestro aparato productivo un peso cada vez más sobrevaluado.Por el otro lado, nadie puede entender cuál es el beneficio para Colombia del ingreso masivo de capitales golondrina, incentivado por las decisiones del Banco de la República de incrementar las tasas de interés muy por encima de los promedios mundiales y por los gigantescos beneficios tributarios que la última reforma tributaria les regaló. Es absurdo y no tiene justificación que, mientras otros países los controlan o limitan, Colombia se dedique a estimular el ingreso de unos capitales golondrina que no producen trabajo y que sólo llegan aquí a generar rendimientos rápidos para sus dueños, mientras ayudan a sobrevaluar nuestra moneda en desmedro de nuestra producción nacional. Es urgente que en la preparación y formulación del Plan de Desarrollo para el nuevo período presidencial se corrija este gigantesco error.***Estamos en mala racha y hoy lamento la desaparición de otros dos queridos amigos, Alfonso Arango y Alberto José Holguín. ‘Don Alfonsito’, modelo de elegancia, ponderación y tino, y ‘el mono’, con sus claros conceptos e indeclinable lealtad, contribuyeron, cada uno en su campo y con su estilo, a ese Cali progresista y digno que tanto quisiéramos volver a tener. Siempre recordaré su amistad y enseñanzas.

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