Enfermedad holandesa

Agosto 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

En los años 60, se pensó que la explotación de los grandes yacimientos de gas natural descubiertos por Holanda cerca del Mar del Norte llevaría a su enriquecimiento generalizado. No fue así. El gran aumento en sus ingresos externos causó la apreciación de su moneda, la destrucción de su industria y agricultura, y el empobrecimiento de vastos sectores del país. Desde entonces, se llama “enfermedad holandesa” al fenómeno de expansión del ingreso de divisas por auges en la exportación de recursos naturales (como el petróleo y los minerales) que, sin las medidas adecuadas, genera revaluación de la moneda local y contracción y pérdida de empleos en otros sectores productivos, e incluso efectos negativos finales en la economía como un todo.Desde hace años, Colombia viene sufriendo este proceso. Por un lado, el país depende cada vez más de una actividad minero-petrolera que recibe grandes ingresos de divisas por aumentos en la producción y en los precios mundiales de esos recursos, e incluso por la inversión extranjera en esos sectores. Por el otro, nuestra industria y nuestro agro ven su competitividad, interna y externa, destruida por la revaluación generada por los ingresos minero-energéticos, mientras se ven acosados por la apertura ciega de nuestras fronteras y la firma sin ton ni son de TLCs sin estudios ni objetivos serios.En 2011, el sector minero-energético creció 15%, mientras que la industria creció 4% y el agro 2%. Entre enero y junio de 2012, las exportaciones de combustibles y minerales crecieron 17%, para llegar al 67% del total, mientras las exportaciones agropecuarias, de alimentos y bebidas cayeron 13%. Las de manufactura crecieron 8% porque incluyeron las reexportaciones de aviones por importación temporal, ensamble o reparación. En ese período, el dólar cayó 8%, empujado además por el Banco de la República, el cual, para combatir el crecimiento de la economía, ha elevado los intereses en Colombia a niveles locamente altos y estimula en lo posible el influjo de capitales golondrina que no encuentran en el mundo un nido más seguro y rentable que el que esa augusta entidad les proporciona.Aparte de la necesidad de cambiar un modelo económico que en 20 años ha demostrado no servir para generar empleo sino desempleo, urge evitar que la enfermedad holandesa acabe de destruir la capacidad productiva del país. La locomotora de la minería está trabajando a full, pero para acabar con los sectores que generan empleo. La cuenta es clara: la minería e hidrocarburos generan apenas el 1% del empleo total del país, mientras que, a pesar de lo ya sufrido, la industria genera el 13% y la agricultura el 17%. Y el desempleo no es muy buen estímulo para la paz.Las opciones para proteger a los sectores amenazados o en vías de destrucción incluyen subsidios, incentivos directos o indirectos, y políticas tributarias de apoyo. Se debe además controlar la tasa de cambio y buscar racionalidad en la inversión de los ingresos petro-mineros. Y hay que reevaluar las políticas comerciales e identificar sectores estratégicos para los que sea necesario asegurar un margen razonable de protección en sus mercados nacionales, por su valor como generadores de empleo productivo significativo y por ser decisivos para el crecimiento sostenible y futuro del país. Por divisas no debemos preocuparnos: el petróleo y los minerales se exportan sin tratados.

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