El de ellos

Abril 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El equivocado ataque del Presidente de Metrocali a la Secretaría de Tránsito, asignándole injustamente la culpa de los problemas que aquejan a la entidad que él dirige, ha puesto sobre el tapete el tema del manejo y la viabilidad del MÍO. O mejor dicho, del DE ELLOS, ya que desde sus inicios este sistema ha sido manejado por el gobierno bogotano (o nacional, si así se quiere llamarlo) y por políticos de la escasa talla de los tres alcaldes que antecedieron al actual, con prácticamente ninguna atención a la calidad del servicio que los caleños deben recibir. Repasar la historia del MÍO es recorrer un rosario de absurdos y errores, comenzando por la consabida falta de planeación, pasando por las dilaciones y el centralismo bogotano, hasta llegar a las gestiones locales desastrosas, contrataciones irregulares y la improvisación de todo tipo. Desde su concepción hasta hoy, muchas decisiones se han tomado sobre el MÍO pensando en los esquemas financieros, en cómo recortarle recursos, en cómo resolver la tensión permanente entre los dueños de los antiguos colectivos y el nuevo sistema. Pero pocas, si alguna, se han enfocado a lo más importante, que es el servicio que debe prestar el sistema como un transporte masivo eficiente, sostenible, suficiente y digno.Con fundadas razones, en Bogotá no confiaban en los alcaldes caleños y el desarrollo del sistema se ha caracterizado por el centralismo y la falta de liderazgo local. Diseños iniciales absurdos, hechos en escritorios bogotanos, generaron problemas como el caos en la circulación peatonal y vehicular en el centro de la ciudad, o como las costosas intervenciones de redes de servicios debidas a la falta de coordinación entre diseñadores capitalinos y entidades locales. Lo peor fue el caso de la Troncal del Oriente (Calle 70), que fue excluida hace 7 años en uno de los Conpes y que ahora será revivida porque se acaban de dar cuenta de que atravesaba zonas de alta densidad poblacional y nunca debió ser eliminada. Esto al tiempo que Bogotá le negaba a Cali el respaldo financiero que por billones les ha dado a otras ciudades. Y que los gobiernos locales tomaban decisiones como la oscura adjudicación del manejo de la cobranza o la entrega de $7 mil millones a una fantasmagórica empresa israelí dizque para construir una estación que nunca se hizo.Según el último Conpes, con 500 mil pasajeros por día hábil el sistema atiende el 51% de la demanda de la ciudad. El resto está en manos de los mototaxis, el paralelismo del colectivo tradicional y el transporte pirata. El objetivo es que el sistema MÍO atienda toda la demanda de transporte público de Cali. Pero para hacerlo el parque de buses previsto debe ser suficiente, y esto tampoco parece muy claro. El MÍO aspira a operar con 911 buses, de los cuales dispone ya de 874 y trabajan unos 700. Si con éstos el servicio es malo y el cubrimiento incompleto, no es realista creer que se va a atender un millón de pasajeros con sólo 911 buses. Es urgente establecer cuántos buses más realmente se requieren para que el MÍO funcione bien, pues el total sin duda pasa de los 1.200. Y si no se comienza desde ya a planear esa meta, vendrán momentos más difíciles para un sistema que hoy es deficiente. En vez de ponerse a pelear con la Secretaría de Transito, el Presidente de Metrocali debería dedicarse a garantizar una calidad impecable en el servicio que ofrece.

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