Ecopetrol o desarrollo

Marzo 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

En nada se parece Colombia, que ocupa el puesto 81 en el listado de producto bruto per cápita del Banco Mundial, a Noruega, que con cerca de 20 veces el nuestro, ocupa el segundo. Mientras que, gracias al proceso de desindustrialización iniciado por Gaviria, somos un país en franca vía al subdesarrollo, sin infraestructura productiva ni calles o carreteras, aquél es un país desarrollado, cuyos sólo 5 millones de habitantes tienen garantizada su seguridad social y educación y reciben múltiples subsidios del Estado.Pero gracias a nuestros tecnócratas, Colombia y Noruega sí tienen algo en común: los precios de combustibles más altos del mundo entre los países exportadores de petróleo. Tercamente, aquí se mantiene un esquema de fijación de precios que aumentó el precio de la gasolina 250% desde 1999, mientras que la inflación fue sólo 85%. Un esquema que fue razonable a fines del siglo pasado, cuando el precio local del combustible era demasiado bajo y no había certeza sobre la capacidad energética del país, pero que hoy es obsoleto y caprichoso.Para apoyar este esquema, usan el sofisma de que así evitan “subsidiar a los ricos” dueños de los automóviles. La verdad es que, aunque Colombia tiene una de las más bajas tasas de penetración en el continente, ya más del 30% de las familias poseen automóvil. El tercer rubro de gasto de la canasta familiar de los colombianos es el transporte, público o personal, y éste pesa más en las clases menos pudientes, en las que puede superar el 20% de sus ingresos. Adicionalmente, los costos del combustible representan el 30% del costo de transporte de carga por carretera. Del 4,91% que aumentó este costo en 2010, 4,51 puntos correspondieron a combustible. Además de gravar indebidamente el costo del transporte de todos los colombianos, el alto precio del combustible también encarece los bienes que consumen y le resta competitividad al país.Y tampoco es cierto el cuento de que los dividendos de Ecopetrol se destinan a salud, educación y vías. La verdad es que entran a fondos comunes y van a pagar burocracia, clientelismo y corrupción. Y que parte se les reparte a inversionistas privados.Se estima que una reducción de $2.000 por galón en el precio de los combustibles liberaría más de 5 billones de pesos al año del ingreso disponible de los colombianos, que ellos podrían dedicar a alimentación, vestuario, entretenimiento e incontables otros usos que entrarían a la economía, con sus efectos positivos en términos de crecimiento, empleo y poder adquisitivo. Ésto en vez de entregárselos a una compañía que escasamente emplea 6.000 trabajadores.El sofisma de privilegiar el “costo de oportunidad” de los productos de Ecopetrol ignora el costo de oportunidad para Colombia de no usar para su desarrollo la inmensa ventaja competitiva que le da su riqueza energética. Es inaceptable que Colombia aplique precios absurdamente altos a los combustibles que usan sus ciudadanos a pesar de ser un país rico en recursos energéticos, perdiendo así esta ventaja competitiva sólo por seguir políticas impuestas por organismos internacionales y caprichosos burócratas locales. El recurso energético juega un papel esencial en el desarrollo de todas las economías. La finalidad de su exportación no puede seguir desvinculada en Colombia de los objetivos del abastecimiento interno, el desarrollo y la competitividad del país.

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