Decisiones urgentes

Junio 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Sucediendo a una deplorable serie de catastróficos gobiernos municipales, Rodrigo Guerrero logró restituirle a Cali orden y dignidad, saneando las finanzas de un municipio que recibió saqueado y desmoralizado, y reestableciendo en él el respeto a las normas de contratación estatal. Sin embargo, las encuestas ciudadanas consistentemente le dan una calificación inferior a la que sería de esperar a raíz de estos logros y de los obtenidos en otros campos. Esta inconsistencia entre logros y calificación ciudadana nace en parte de que Guerrero suspendió la práctica de sus antecesores de engrasar a los medios de comunicación para que maquillaran sus imágenes e ignoraran sus yerros. Pero nace también de los problemas de movilidad que enfrentan todos los ciudadanos, particularmente los que usan el transporte público.El Alcalde le ha dado un juego excesivo a un grupito de ocofóbicos que, con el cuento de darle prioridad al peatón, continuamente toman medidas tendientes a interferir con el tráfico automotor. Esto no es bueno porque, aunque algunos de esos peculiares personajes quisieran devolvernos un siglo atrás y que no rodaran automotores por Cali, nadie va a irse a pie de Aguablanca al centro, de Siloé a Acopi o de La Flora a Ciudad Jardín. Afortunadamente, la excelente gestión del secretario de Tránsito, apoyado por un equipo profesional, serio y motivado, ha hecho que a pesar de todo la movilidad de vehículos particulares -carros y motos- en Cali sea la más fluida entre las de las grandes ciudades colombianas.No es ese el caso de quienes deben usar el transporte público. Tras quince años de existencia, Metrocali opera un sistema que atiende a menos del 40% de los usuarios potenciales, con una aprobación entre ellos de apenas el 20%. Estos pésimos resultados son fruto de un sistema mal diseñado y mal implementado, con insuficiente cobertura, baja frecuencia de rutas, sobrecupo, inseguridad y enormes demoras en los transbordos. Un sistema con un modelo de negocio totalmente equivocado, que mezcla elementos públicos con privados y exige autosuficiencia en la operación, víctima además de improvisaciones de todo tipo y de contrataciones irregulares en las anteriores administraciones municipales. Un sistema que no sólo presta un mal servicio sino que no es viable económicamente, como lo evidencia la anunciada decisión de los operadores de parar 300 de sus 700 buses por no poder absorber más pérdidas.Buscando apuntalarlo, el gobierno municipal ha convenido con el MÍO retirar de la circulación a los 600 buses que atienden las áreas donde éste no presta una adecuada cobertura. Como el problema del MÍO es de baja cobertura, escasez de buses y mal servicio, esta medida, lejos de solucionar el problema, lo agravará pues les quitará el servicio actual a los cientos de miles de caleños que hoy lo tienen como su única alternativa. Al contrario, lo que el Gobierno Municipal debe hacer es adquirir este sistema paralelo, que sí funciona, e incorporarlo al sistema formal municipal.Es inevitable que el Estado aporte recursos para ordenar el sistema de transporte público municipal, y con ese fin el alcalde debe lograr el apoyo inmediato de la Nación. Es urgente volverlo eficiente, de calidad y capaz de brindarles un buen servicio a todos. De no ser así, quienes puedan usar motos o carros nunca lo considerarán una opción de desplazamiento válida.

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