Cuatro preguntas

Agosto 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El proceso de negociación en Cuba entre los enviados del gobierno colombiano y los ‘plenipotenciarios’ de la Farc ha generado hasta ahora más interrogantes que respuestas. De muchas que surgen, quiero formular aquí, como en el bambuco de Pedro Morales Pino, cuatro preguntas.Hasta donde se ha informado, restan por lo menos 50 puntos por definir en esa negociación. Dado que no existe hoy un acuerdo concreto y completo, ¿cómo pueden estar tan seguros los partidarios del sí o del no de la validez de su posición? Para adoptar una posición seria se requiere información completa. Que los políticos actúen sin ella es explicable porque a ellos no les interesa el bien general sino el personal. Pero posiciones apasionadas en quienes no saben si algo de lo que se convenga en el futuro pueda ser inconveniente equivalen a girar cheques en blanco contra lo desconocido. Pareciera que el Zika ha producido microcefalia también en nuestra población adulta.Con respecto a la ONU, una cosa es que vigile la dejación de armas y otra que se tenga allí un apoyo a cualquier cosa que se acuerde en Cuba. El Secretario General y el Consejo de Seguridad hacen seguimiento riguroso a las violaciones contra los niños en conflictos armados –incluido el reclutamiento-, a los ataques contra civiles y a los delitos de violencia sexual en situaciones de conflicto. Varias Resoluciones del Consejo -las únicas obligatorias de la ONU- advierten sobre la necesidad de que ese tipo de delitos queden excluidos de amnistías en procesos de solución de conflictos. ¿Aceptarán la ONU y la comunidad internacional alguna señal de impunidad frente a los crímenes más graves y de lesa humanidad cometidos por la Farc?También cabe preguntarse sobre el futuro rol de EE.UU. Aparentemente el señor Aronson considera que lo que se está conviniendo en Cuba es útil para sus intereses, y hoy la posición allá es favorable al proceso. Pero EE.UU. busca endurecer su combate contra el narcotráfico. Y los sobrinos de la primera dama de Venezuela han declarado en EE.UU. que buena parte de la droga que ellos comercializaban provenía de la Farc. De acordarse en Cuba que el narcotráfico es delito conexo y no habrá persecución ni castigo para sus responsables, ¿podrá esperarse un respaldo pleno de los EEUU a lo convenido allá?Finalmente, las encuestas. Según la de Gallup de julio, el 70% de quienes votarán en el plebiscito dice estar a favor del acuerdo, pero un 58% de los colombianos dice estar en desacuerdo con “sacrificar parte de justicia para tratar de negociar la paz”. Y en la de Ipsos de finales de junio, el 36% dice que votará por el sí y el 25% por el no, pero el 84% de los encuestados consideró que los líderes de las Farc deben ir a la cárcel por sus delitos y el 71% no está de acuerdo con que participen en política. Evidentemente, muchos de los hoy partidarios del sí no quieren impunidad. ¿Seguirán ellos dispuestos a votar por el sí, si el acuerdo de Cuba no contempla penas reales para los cabecillas de la Farc?Son muchos los interrogantes sobre el proceso de Cuba, además de los aquí señalados. Pero hay algo claro: es lamentable que un proceso que pudiera haberse usado para congregar a los colombianos alrededor de un fin que todos quieren, la paz, haya conducido a una división y una polarización tan profundas que los augurios sobre el futuro de la armonía nacional no pueden ser buenos.

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