Colapso

Colapso

Diciembre 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El recurrente caos operacional en el aeropuerto El Dorado y las graves fallas de servicio de la principal aerolínea del país anuncian el próximo colapso del transporte aéreo en Colombia, si las autoridades no abandonan, así sea temporalmente, su perenne desidia y toman cartas en el asunto.Por un lado, la crisis en nuestra infraestructura aérea es evidente. En 2006, el Foro Económico Mundial ubicaba a Colombia en el puesto 53 entre 125 países del mundo en calidad de infraestructura aérea. En 2010, ocupábamos el puesto 89 de 139 países, y llegamos al puesto 96 de 148 países en 2013. En particular, no puede seguir pasándose por alto el pésimo servicio del aeropuerto de Bogotá, que concentra la mitad del tráfico nacional. No es aceptable que un aeropuerto en cuya modernización se estima van gastados US$900 millones presente las demoras, problemas y costos para los usuarios de éste. ¡Hasta los muelles de abordaje son insuficientes! Otra sería la historia si hubiera habido una licitación mejor llevada y si hubiera existido adecuada planeación y diseño en su infraestructura, rutas y equipos, tanto técnicos como humanos. Es difícil olvidar que, cuando se otorgó la concesión, el presidente de la compañía líder en el concesionario era Luis Fernando Jaramillo, distinguido político hermano del presidente de Interbolsa.Adicionalmente, dado que las condiciones meteorológicas de Bogotá son complicadas y que su aeropuerto no resiste un tráfico que lo ha desbordado, se deben replantear rutas para que no todos los vuelos de conexión de este país tengan que pasar por El Dorado. Se debe permitir que quienes viajen entre otras capitales de departamento y ciudades intermedias, o desde allí hacia otros países, puedan hacerlo directamente o con alternativas de conexión más eficientes que las de un aeropuerto a 2.600 m de altura, con las limitaciones que este tiene.Por otra parte, es evidente el costo social de un servicio esencial prácticamente controlado por una empresa, en un mercado con pocas opciones de operadores alternativos. En el país hubo 13 empresas aéreas de cubrimiento nacional en 1994, había 9 en 2003 y hay 7 hoy. Avianca pasó de atender el 37% de los pasajeros nacionales en 2004 al 57% en 2012, y la consolidación de esa posición de dominio genera graves riesgos al servicio, pues los pasajeros no encuentran opciones suficientes para su transporte aéreo, con los consiguientes costos y consecuencias personales, empresariales y para la economía del país como un todo.En 2004, cuando el inversionista Germán Efromovich la compró por US$64 millones, Avianca era una empresa al borde de la quiebra, con una tradición de mal manejo. Hoy, gracias a una buena gestión y al apoyo de los colombianos, es una empresa con un valor de mercado de unos US$1.500 millones, con utilidades de US$185 millones en 2012 y US$183 millones en los primeros 9 meses de 2013. Va siendo hora de que les devuelva algo a quienes en buena medida han facilitado esos logros: sus empleados y, sobre todo, sus usuarios. Es totalmente inaceptable que, por sus deficiencias de equipo y por el mal manejo de sus relaciones laborales, los viajeros colombianos se vean sujetos a los inconvenientes y vejámenes que hoy sufren. Si Avianca no es capaz de atender bien las rutas que el Estado generosamente le ha concedido, es hora de que este las transfiera a otras compañías que lo quieran hacer.

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