Cervantes y Murphy

Enero 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El desarrollo de una mala Constitución por legisladores mayoritariamente incompetentes ha producido en Colombia una diarrea legislativa de muy pobre calidad. Entre las muchas malas leyes emitidas en los últimos 20 años, basta citar la 99/93, que reglamentó las corporaciones autónomas regionales y es en buena medida la causa de que el país esté inundado de agua, y las 890/04 y 906/04, que reglamentaron la justicia oral y tienen al país inundado de pillos. Esas malas leyes han conducido a una falta de respeto por la Ley que no es buena.Buscando renovar el optimismo al regreso de las vacaciones, vale la pena revisar las leyes que sí son universalmente respetadas. Para esto, obviamente, hay que partir de las de inevitable cumplimiento, como son la de Murphy (“Si algo puede salir mal, saldrá mal”) y la de Parkinson (“El trabajo se expande para llenar el tiempo disponible para completarlo”). Siguen otras que con seguridad se impondrán en el año que inicia:La primera que viene a la mente es el noveno corolario de la Ley de Murphy, también conocido como la Ley de Maah: “Las cosas salen bien para poder dañarse”. Seguida por la Ley de Perrusell: “No hay trabajo tan sencillo que no se pueda hacer mal”. Regirán también el Contraste Cardinal, “El optimista cree que vivimos en el mejor de los mundos posibles. El pesimista teme que eso sea cierto”, y la Ley de la dispersión probable: “Lo que sea que le dé al ventilador no se distribuirá por parejo”. Con seguridad, también se cumplirá la Ley de Meskimen: “Nunca hay tiempo para hacerlo bien, pero siempre hay tiempo para repetirlo”. Y la Ley de Allen: “En casi todo, es más fácil entrar que salir”. Así como la Ley de la confiabilidad de los sistemas: “Errar es humano, pero para realmente cometer una catástrofe monumental, se requiere un computador”.Se seguirá cumpliendo la Ley de la demora de Parkinson, “La demora es la más mortífera forma de negación”, que con seguridad se unirá a la Quinta Ley de Parkinson: “Si hay alguna forma de demorar una decisión importante, la buena burocracia, pública o privada, la encontrará”. Se obedecerá a rajatabla la Ley de Hecht: “No hay momento como el presente para posponer lo que no le provoque hacer”. Y sin duda se aplicarán las Leyes de morosidad de Doane: “1 – Mientras más efectivo se es en posponer el trabajo, menos efectivo hay que ser en todo lo demás. 2 – Mientra más lentamente se trabaje, menos errores se cometen”. Todo esto reforzando el Principio de Pfeiffer: “Nunca tome una decisión que usted pueda lograr que otro la tome”.Hay dudas de que se obedezca la Ley de Patton: “Un buen plan hoy es mejor que un plan perfecto mañana”. O la Regla de Horowitz: “La sabiduría consiste en entender cuándo evitar la perfección”. Pero no sobre el cumplimiento de la Ley de Katz: “Los hombres y las naciones actuarán racionalmente cuando hayan agotado las demás opciones”. Y seguirán vigentes la Ley de relatividad de Ballance, “Cuán largo es un minuto depende de en cuál lado de la puerta del baño se encuentre usted”, y la Regla de cognición de Disimoni: “Creer es ver”.Sin embargo, por mucha fuerza que tengan los aportes arriba citados, ninguno superará al que hiciera uno de los más preclaros pensadores de la historia colombiana, nuestro filósofo de Palenque, con su Postulado de Cervantes: “Es mejor ser rico que ser pobre".

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