Cali Pompeyana

Abril 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Pompeya, con parte de sus 15 mil habitantes, fue sepultada por una erupción del Vesubio en el 79 D.C. En sus ruinas, se han encontrado en algunas vías unos bloques de piedra, separados entre sí, puestos para que los peatones pudieran cruzar sin mojarse o enlodarse las calles sucias con aguas residuales y de lluvias. Esos pasos permitían que las ruedas de los carruajes pasaran sin problema por los espacios que quedaban entre los bloques.Veinte siglos después, y aunque en el mundo entero existen soluciones de infraestructura eficientes y tecnologías diversas para los cruces peatonales, Cali resolvió apartarse de esas soluciones y construir unos gigantescos policías acostados en las bocacalles de muchas de las vías que acceden a sus principales arterias, similares a unos que un alcalde ocofóbico construyó en Bogotá hace unos años. A estas superestructuras les han dado el pomposo nombre de ‘pasos pompeyanos’, aunque los de Pompeya no obstaculizaban la circulación de los vehículos. Los de Cali, al contrario, además de dañar los vehículos y generar contaminación, interfieren con el tráfico de las vías principales, pues quienes entran o salen de las secundarias deben frenar y hacer el giro muy lentamente, con el riesgo que esto genera.Estos obstáculos, únicos en el mundo, son realmente resaltos gigantes que incumplen lo dispuesto en El Manual de Señalización Vial– Dispositivos para la Regulación de Tránsito que rige en Colombia, el cual establece que éstos no deben construirse en vías urbanas con rutas de transporte público, ni en vías urbanas principales o calles que enlacen a éstas, ni con volumen vehicular diario superior a 500 vehículos, entre otras normas. Superan, además, el alto máximo de 10 cm que estipula el manual, no tienen las señales preventivas obligatorias (que dicho sea de paso, no es claro cómo anunciarían que al dejar la vía principal y entrar a la secundaria los vehículos se van a topar de sopetón con esa barrera) y ninguno tiene el estudio de Ingeniería de Tránsito que requiere. Interfieren con el tráfico de enlace de vías de alto volumen, son peligrosos, son dañinos, y constituyen una traba indebida e innecesaria para el flujo vehicular que debe ser removida.Los funcionarios encaprichados con estos esperpentos arguyen, sin soporte alguno, que ellos “han significado el mejor elemento para garantizar el paso seguro de los peatones, pues al continuar el andén sobre la vía establece un sendero peatonal seguro que cruza las calles secundarias”, y los defienden aduciendo que están en el manual del IDU. La verdad es que la mayoría de esos pasos están ubicados en esquinas donde el tráfico peatonal es casi inexistente, y en las pocas esquinas donde sí hay peatones circulando, éstos deben ahora esperar más, pues los vehículos deben cruzar muy lentamente. Y en cuanto a copiar al IDU, traer a Cali tecnología de movilidad bogotana sólo muestra que la torpeza puede ser contagiosa. Lo peor de Bogotá es su pésima movilidad, una de las peores del continente.Nunca imaginaron los pompeyanos que 20 siglos más tarde, en Colombia, Sur América, se adaptarían mal sus técnicas de construcción vial en urbes con millones de habitantes. Tal vez lo único que tenemos en común con ellos es que también nos inundamos cuando llueve, y la única utilidad de esos pasos será, como en Pompeya, evitar que los peatones se enloden al cruzar las calles.

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