Caleñidad

Caleñidad

Septiembre 22, 2010 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Es sintomático que la primera de las mal llamadas ‘megaobras’ que va a acometer el Gobierno Municipal sea la más innecesaria y de menor utilidad, la Plazoleta de la Caleñidad. Como el diccionario no define este término, aparentemente tan importante, es justo avanzar algunas teorías sobre su significado.1. Hace unos días, en sus páginas interiores, El País informó que “en el kilómetro 3 de la carretera al Mar, donde el alcalde de San Juan del Litoral se accidentó, tras precipitarse a un abismo de cien metros para evitar el ataque de los delincuentes, una gran cantidad de personas llegaron al lugar y saquearon el vehículo.” ¿Será este escalofriante acto de insolidaridad humana una demostración de la ‘caleñidad’ que han traído a la ciudad quienes han llegado a ella amparados por la complacencia con las invasiones de los tres últimos gobiernos municipales, incluyendo el actual? ¿Y lo será también que ni éste ni los otros hayan tratado de controlar o educar en las más elementales nociones de convivencia social a esos nuevos ‘caleños’ que tan generosamente han atraído?2. ¿O será ‘caleñidad’ el curioso cuento de la ‘renovación’ del barrio Granada, a pesar de no ser oriundos de Cali la mayoría de quienes urdieron esa trama? Porque el cuento es realmente extraño. Emcali tiene la obligación de reponer periódicamente sus redes, dispone de los recursos para ello, y siempre lo ha hecho sin ayuda. Que ni más ni menos bajo el gobierno del destituido ex gobernador Abadía, el arruinado Departamento del Valle, por primera vez en cien años haya decidido unirse a Emcali para gastar -aparentemente sin coordinación alguna con el Gobierno Municipal- miles de millones en el ornato de esas calles de Cali es de verdad curioso. Y que también intervenga en el baile Acuavalle lo hace más así. Fuera del obvio negocio de unos contratistas, ¿a quién más se quiere beneficiar? ¿Cuál es el verdadero objetivo de este extraño convenio? ¿Qué hay realmente detrás de todo esto? ¿Será ‘caleñidad’?3. ¿O lo será el gran negocio de la ‘autopista del Bicentenario’? Porque pocos negocios pueden ser mejores que tomar una gran vía que, por ser pública, es de todos y no es de nadie, y privatizarla, entregándoselas a unos particulares para que cobren peajes y, si con ellos no alcanzan a recuperar su inversión, el Municipio, por ‘equilibrio económico’, les reembolse lo que les falte. Y, obviamente, mientras más cueste el proyecto, más habrá con qué convencer a los reticentes.¿O será ‘caleñidad’ el cuento chino de que este negocio, cuyo presupuesto ya pasa del medio billón, se les entregará a inversionistas idem, lo que no luce muy probable, pues sus inventores han sido chilenos y sería muy extraño que no hubiera chilenos entre los felices ganadores de su ‘licitación’? Como, habida cuenta de que muchos negocios se hacen con vaca amarrada, también sería raro que una empresa española no recibiera el contrato de la inútil e inconveniente represa de Pichindé, si Emcali lleva a cabo esa otra muestra de ‘caleñidad’.4. En contra de todo lo anterior, muchos quisiéramos que ‘caleñidad’ se definiera como el muy plausible comportamiento de Adrián Bergaño, el taxista que encontró y devolvió un paquete con $50 millones porque sus “padres le enseñaron que uno debe devolver lo que no le pertenece”. Lamentablemente, con las actuaciones de nuestras autoridades, eso parece difícil, muy difícil.

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