Balance

Diciembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Al hacer el balance de la gestión de la Administración Municipal que termina, debe abonársele en primer término su popularidad. Como ninguna de las anteriores, entendió los beneficios para su imagen de darles a los ciudadanos pan y circo. Abundaron los eventos gratuitos y aún en los casos en que les dio a escogidos personajes el privilegio de cobrar altos precios, tuvo el buen cuidado de arropar esos negocios con un manto de populismo. Y en cuanto al pan, aunque no hubiera para el público en general, dispensó suficientes contratos, de tamaño chico, mediano y grande, para mantener su popularidad en los sectores más diversos.A su buena imagen contribuyó también la innegable capacidad dialéctica del Mandatario. Nunca le faltó un sustantivo rimbombante, un culpable distinto, una larga explicación. Puede ser que en Cuba no enseñen mucha medicina y ciertamente no enseñan nada de administración, pero a cantinflear sí enseñan bien. Fue también una administración de gran corazón, que nunca quiso molestar a los pobres invasores de terrenos o del espacio público, y que demostró su amor filial con los exóticos 40.000 votos del senador del grupo familiar. Por el otro lado, ésta fue la alcaldía de los convenios multimillonarios que permitieron evadir reglas de selección objetiva de la contratación; la de las concesiones de obras dispersas, sin planificación y sin priorización, cuya financiación y terminación está llena de dudas; la de multimillonarias contrataciones directas de todo tipo, incluidas las masivas de servicios personales.En la turbia aprobación y puesta en marcha de las mal llamadas '21 megaobras' se violaron prácticamente toda las disposiciones legales pertinentes. Hoy sabemos que sólo se iniciaron 13, pero nadie sabe cuándo se terminarán ni si habrá plata para ello. Como tampoco si el Municipio devolverá lo que cobró por las 8 que no se iniciaron oportunamente. Y ni qué hablar de la 'remodelación' del Pascual Guerrero: aunque nadie da cifras claras, se espera que su costo final sea del orden de los $100 mil millones, aproximadamente cuatro veces el presupuesto, superándolo en más de $70 mil millones. Difícil imaginar algo más grotesco.Otros indicadores tampoco son buenos. El desempleo promedio anual de las principales 13 áreas metropolitanas del país pasó del 13% en 2009 al 11,5% en 2011, mientras aquí pasó del 13,6% al 15,1%. Las cifras de homicidios, que venían disminuyendo en la ciudad desde 2004, comenzaron a subir nuevamente desde 2008, como sucedió con los hurtos a personas. La tasa de cobertura bruta en educación pasó en Cali del 95,34% en el período 2007-2008, al 84,94% entre 2009-2010. Entre 2007 y 2010, la matrícula total en Cali se redujo en 13.291 cupos. Y en cuanto al MÍO, a pesar de su promesa de terminarlo este año, está pendiente y sin financiación clara la mitad de la obra, y moviliza poco más de un tercio de los pasajeros que debe.En conclusión, el balance de esta administración no es bueno. A pesar de eso, no faltarán quienes busquen aplaudirla afirmando que “por lo menos hizo algo”. De que haya personas que actúen así, sí es algo de lo que no tiene ella la culpa. Ni el buen criterio ni los principios se pierden por sólo cuatro años de mal gobierno.P.D. Ante el deschavetado ataque del que fue objeto Alfredo Carvajal, quiero expresar que me honra alternar en este espacio con alguien de su inteligencia y de su altura moral.

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