Abstención

Octubre 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

No cesa de maravillarme la capacidad de Colombia para producir expertos. Cada vez que juega la Selección colombiana de fútbol, más de un millón de ‘expertos’ nos explicarán todo lo que debió o no debió haberse hecho en el partido. Si se trata de ciclismo, son cientos de miles los ‘expertos’ que nos explicarán todos los errores o logros de nuestros ciclistas. Y como era de esperarse, el reciente plebiscito sobre el acuerdo de Cuba ha desatado un enjambre de ‘expertos’, ‘analistas’ y ‘politólogos’ que no paran de pontificar sobre él. Como uno de los aspectos que tocan con la ligereza y sesgo que los caracterizan es el de la abstención, luce oportuno suministrar algunos datos que le aporten algo de objetividad al tema.Para empezar, hay que anotar que la abstención de 62,57% en el plebiscito no está lejos de los niveles recientes de participación en otros comicios en el país. En los últimos 16 años, las votaciones para Senado y Cámara -que además de votos de opinión mueven toda la maquinaria electoral alimentada por la burocracia, la contratación pública y la corrupción- han tenido abstenciones de entre 56% y 59%. Y para no remontarse muy atrás en las presidenciales, en la primera vuelta de 2014 votaron 13,18 millones de colombianos, con una participación de 39,9% del censo y una abstención de 60,1%, y se requirió todo el esfuerzo de los Ñoños y los Musas para reducir la abstención a 53,2% en la segunda vuelta, apenas nueve puntos menos que en el plebiscito. La abstención tampoco es exclusiva de Colombia, y aparece en las democracias más tradicionales. En Suiza, las elecciones parlamentarias de 2015 tuvieron una abstención de 61,4%, ligeramente superior a la abstención de 60% que se observó allí en 2011 y 2007. En Estados Unidos, la abstención fue 46,4% en la elección presidencial de 2012, pero cuando las elecciones para renovar la Cámara de Representantes no son simultáneas con la votación presidencial, la abstención se dispara. En 2014 la abstención fue 67%, superior incluso a la de 61,5% de 2010. La abstención en presidenciales fue 58% en Chile en 2013, y en elecciones para parlamentos y cuerpos legislativos llegó a 58% en Rumania (2012), 52% en Rusia (2016), 51% en Polonia (2011), 45% en Francia (2012) y 48% en Japón (2014). En la elección del Parlamento Europeo de 2014, la abstención fue 57,5%. Y al analizar datos de prácticas de democracia directa similares al plebiscito, se encuentra que en Suiza, por ejemplo, la abstención en estos eventos ha oscilado desde 1990 entre 50% y 68%.La verdad es que la esencia del voto incluye la posibilidad de no votar, aquí y en cualquier democracia libre. Y las razones por las que la gente vota o no lo hace son tan diversas que es complejo cuestionar a unos o a otros. Ni el que vota es necesariamente más responsable -porque a veces hasta los votos son comprados-, ni el que se abstiene es menos responsable en una sociedad que de pronto no ofrece buenas opciones. En lo que sí debemos estar todos de acuerdo es en que para bajar la abstención hay que cambiar la cultura política, para que más gente se interese en el Estado y en sus asuntos. Y en que para defender la democracia, con todas sus imperfecciones, es necesario que se respete la voluntad popular que se expresa en las urnas, que es al menos la única expresión verificable de lo que quiere un pueblo en un momento dado de su historia.

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