A salvar el MÍO (1)

Abril 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El fracaso del MÍO como sistema de transporte masivo es estruendoso. Recientemente se debatía si la aprobación del servicio entre sus usuarios era del 55% o del 20%, cuando lo peor es que los usuarios reales no llegan a ser el 40% de los potenciales. ¡Más del 60% de los caleños consideran que el servicio es tan pobre que ni siquiera lo usan!Son muchas las razones de este fracaso, empezando porque el MÍO ha sido ejemplo de improvisación y falta de planeación. Con rarísimas excepciones, quienes han participado en su diseño y gobierno durante los quince años desde que se fundó Metrocali han carecido del bagaje técnico necesario para llevar adelante exitosamente una empresa de esta envergadura. Esto además de la turbidez de algunos de estos personajes y de la falta de transparencia de algunas de las decisiones tomadas a lo largo del devenir del proyecto. No sorprenden entonces las severas falencias del sistema en los dos aspectos claves para su éxito: su diseño físico y la concepción de su operación.Diseñado con gran desconocimiento de la ciudad, en parte desde escritorios bogotanos, el sistema no toma en cuenta las necesidades reales de sus habitantes. El MÍO no es utilizado por la gran mayoría de los caleños porque, en gran medida, sus rutas van desde donde la gente no vive hasta donde la gente no trabaja, al mismo tiempo que ignora las necesidades de conglomerados enteros que quedan sin el servicio que requieren.Operando con un concepto radial y descartando el uso de rutas periféricas, el sistema obliga a los usuarios a desplazamientos innecesarios y a cambios de rutas que les incrementan exagerada y artificialmente los tiempos de viaje. Así, por ejemplo, buscando evitar transferencias de recursos nacionales, en 2007 el corredor troncal Oriental de la Calle 70 que llegaba hasta el sur fue excluido por Bogotá del plan de obras. Hoy, 64 de las 92 rutas del MÍO tienen que ver con ese corredor, y su construcción es vital para reducir la demanda de viajes a través del centro de personas que van del sur al oriente y norte de la ciudad.Adicionalmente, las rutas alimentadoras no sólo brindan un servicio muy pobre sino que, buscando mejorar la rentabilidad de los operadores, se utilizan en ellas vehículos de tamaños excesivos que obstruyen y destrozan las calles internas de los barrios de la ciudad. Hasta el año pasado, hubo que intervenir 230 km de vías a un costo de $87 mil millones y, según Metrocali, se necesitaría cuatro veces esa suma para arreglar todas las redes viales por donde pasan hoy sus buses. Ni las tarifas ni los recursos locales alcanzan para eso. No puede aceptarse que la Nación no participe en esta inversión o en la de las troncales que quedaron faltando. La Nación invierte en los sistemas de Bogotá y de otras ciudades, y hay que comprometerla seriamente con el de Cali.Cali debe dedicarse a salvar el MÍO. Un sistema de transporte masivo eficiente, que sirva a todos los caleños, es indispensable para el bienestar de sus habitantes y para mejorar su competitividad. Por eso, es impostergable que el sistema actual sea rediseñado para que realmente preste el servicio que de él se requiere, y que se obtenga del gobierno nacional el apoyo financiero que, en justicia, debe darle. De no hacerse así, el MÍO sólo servirá, como ahora, de incentivo y justificación para el transporte informal y la compra de motocicletas.

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