Supervivencia del patrimonio arquitectónico

Febrero 18, 2017 - 02:35 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

La polémica sobre el inmueble de La Sagrada Familia en El Peñón, me ha hecho recordar varios monumentos hoteleros. Como no conozco exactamente el modelo de negocio de sus desarrolladores, ni la cadena operadora, ni cifras, me referiré solo a la polémica sobre el inmueble.

En España, después de la Primera Guerra Mundial, muchos nobles decadentes no tenían los recursos para sostener sus palacios. La disminución en las vocaciones religiosas hizo también que los conventos se convirtieran en bienes deshabitados y onerosos.

El gobierno organizó la cadena hotelera Paradores Turísticos de España. Para ser competitivos se hicieron adicionalmente en sus terrenos modernos centros de convenciones, parqueaderos, más habitaciones, logrando hacerlos viables sin perder la memoria histórica.

Me quedé en Alemania en uno de los hoteles icónicos de la arquitectura hotelera moderna, Colonia; tuvo por muchos siglos su acueducto fundamentado en un inmenso tanque en una colina, desde donde se abastecía de agua la vieja ciudad. Este fue reemplazado por sistemas modernos y el viejo tanque vacío fue el grato testigo de la historia.

Alguien logró convencer al gobierno regional de darle vida al antiguo depósito antes de que se derrumbara por la falta de uso: construyeron dentro un hotel con estructuras metálicas y su fachada se llenó de ventanitas desde donde los visitantes miramos la ciudad verde y su catedral. El nombre del exitoso sitio: Hotel en el tanque de agua.

Si esos castillos, conventos o el tanque de agua estuvieran en Cali, la tramitología, los malandrines y la dejadez, los tendrían sumidos en el abandono. Basta con recordar cuando un funcionario decidió que el lugar donde está el Obelisco al lado del río, debía ser manejado por el municipio y no por las manos cívicas y generosas de Basilio Klonis.

La alcaldía volvió a llamar a este cuando los atracadores, el pasto altísimo y la suciedad demostraron que los gobiernos son pésimos administradores de estos bienes. ¿Nos pasará lo mismo con La Sagrada Familia con el exceso de palos en la rueda para que pueda seguir existiendo?

La historia dice y más en países pobres, que si el entorno no es rentable, no podrá sobrevivir lo histórico.

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