Sobre las bodas

Julio 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Por razones familiares y de amigos próximos, he estado cercano a algunas bodas recientes y confieso mi sorpresa sobre las nuevas costumbres en la celebración de matrimonios, impensables hace años. Veamos algunas:La selección de la fecha: en mis tiempos, el dolor de novio era tal que uno quería que pasado el susto de hablar con los suegros, la fecha de la boda fuera la más próxima posible para darle rienda suelta a la anhelada intimidad. Hoy, como los muchachos se van a vivir juntos desde antes, la boda es muy lejana. En ese tiempo todo puede pasar, por ejemplo, yo ya perdí tiquetes aéreos con mi familia porque una boda en USA se canceló.La escogencia del sitio: hemos pasado de la ‘boda, acto social’ a la ‘ceremonia, destino turístico’. Cartagena, San Andrés o Santa Marta son opciones que escogen novios que nada que ver con el Caribe haciendo que a los invitados se les enrede la vida con tiquetes, pintas, ágapes de varios días, y para colmo las revistas del corazón nos están trayendo islas exóticas en México donde se casan los personajes del jet-set. Espero no ser optimista imaginando que con el postconflicto se vuelva ‘In’ casarse en Buenaventura.La iglesia: mi novia vivía en Santa Mónica. Era claro en que iglesia nos casaríamos: en Santa Mónica o Santa Filomena. Ella escogió la última por ser más pequeña y mis posibilidades de escapar eran mínimas. Hoy es en la playa, en el hotel que monta el show, con cura desconocido o notario exportado.La virtualidad: lo electrónico sustituyó los otros medios. Hoy no hay que regañar a quien embolató la tarjeta con el croquis pero sí hay que tener paciencia para mostrar a los mayores lo que llega de los novios por internet. Una nueva obra de misericordia.Los regalos: los otrora costosos objetos de plata, que recordaban de por vida al donante, no son del gusto de los muchachos. No hay quién los brille. Vino entonces la época del odioso ‘sobre’, el cual contiene mucho para quien deposita y poco para quien lo recibe. Ahora, como ya los contrayentes han montado su apartamento, están sugiriendo ‘experiencias’. Es financiar su sueño de viaje, por ejemplo. Creo que pronto estaremos financiando balones gástricos para el novio o bonos para el jardín de los niños.El menú: con la sofisticación de los eventos, las invitadas que en su casa comen lentejas, huevos y arroz anuncian para la boda que son vegetarianas o macrobióticas. A conseguir quinua, chía, jengibre, cúrcuma , porque todo tiene que ser diferente.Música y hora loca: la variedad musical se volvió norma. Así que a los mayores nos dan una pequeña porción de porros (no confundir con marihuana, eso es más tarde), después reggaetón, viene la hora loca y termina con mariachis. ¿Preparados?El único ahorro: así todo se ha hecho más complejo. Obviamente los novios contribuyen económicamente al evento y en lo que ya no se bota dinero es en la pijama de ella para la noche de bodas. Es el único ahorro. A esta altura, ya no hay poco que quitar y menos aún, nada nuevo por descubrir.

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