¿Reciclaje o cinismo?

¿Reciclaje o cinismo?

Enero 26, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Está bien que los colombianos desde pequeños estemos acostumbrados a que todo se transforme y se rompa su esencia original. Somos recicladores por naturaleza. Los conchos de cerveza los usamos como laca para el pelo; la bicicleta estática termina como mueble para colgar carteras, bufandas y secar toallas: los calzoncillos viejos son limpiones ;los frascos de mayonesa se usan como recipientes de coprológico; los neumáticos vulcanizados se vuelven flotadores para los paseos; los limones sobrantes dizque quitan el mal olor de las axilas; los dientes de leche se convierten en aretes; los rollos de papel higiénico terminan siendo tubos para las moñas de las señoras; las bacinillas serán preciosas materas. Todas estas cosas inverosímiles solo suceden en Colombia.

Pero que los Nule, después de tantos aberrantes procederes sean ahora quienes demanden la Nación, y pasen de tumbadores a víctimas; que el gobierno donde empezó lo de Odebrecht, el de Uribe, se vuelva el señalador de la corrupción del gobierno de Santos, cuando cada uno debía asumir su cuota de responsabilidad; que los sucesores de los políticos presos por hampones hagan política con la bandera de la lucha contra la corrupción; que haya exguerilleros como Bustamante camuflados en partidos de extrema derecha; que César Gaviria critique a Santos por la burocracia, cuando el actual y todos los gobiernos recientes han sido desvergonzados compradores de conciencias con puestos y prebendas, no puede ser.

La inconsecuencia se volvió paisaje y se quiere vender como parte del ADN de la colombianidad. No más, esto tiene otro nombre y no debe confundirse con el reciclaje nacional, se llama descaro, cinismo, una burla a una nación que día tras día no sabe a quién creerle, porque unos son los discursos para el electorado y otros muy distintos, las historias vividas por sus protagonistas.

Cada vez es más difícil admirar un político de los de hoy, por incoherentes y descarados. Juntando los paralelos, llegará el día en que las flores no cubran la bacinilla y esta vuelva a su destino original, o por lo menos tenga la dignidad de permanecer con los trastos viejos e inservibles. Y esa humilde bacinilla le dará una lección al politiquero.

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