Pobres seductores poderosos

Pobres seductores poderosos

Octubre 27, 2017 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

¿Es el caso Harvey Weinstein, el poderoso productor de Hollywood, la punta del iceberg sobre el acoso sexual en la industria del cine? No lo creo.

Si así fuera debería haberse aprendido de la desgracia del famoso actor Bill Cosby, quien drogaba a sus fans para violarlas, o del escándalo que acabó la carrera política del director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, cuando obligó a una camarera africana a hacerle sexo oral en un hotel de París. Todos terminaron mal, pero parece que ninguno aprendió la lección del otro.

Lo sucedido en esos países también ocurre entre nosotros con más frecuencia de lo conocido públicamente: el ejercicio abusivo del poder para llevar a la cama a otra persona bajo presión o abusando de su estado de necesidad.

Es la forma más ruin de tirar al piso una de las actividades más fascinantes de los seres humanos: el sexo consensuado, anhelado por los dos, deseado mutuamente. Es el cambio abrupto del placer de seducir por el de reducir, de humillar. Sustituyen la necesidad de la intimidad por la intimidad por necesidad pues el abusador siempre conoce las carencias de la abusada.

¡Pobres bestias! En nada se diferencian de las hienas hambrientas ansiosas de ubicar una gacela herida, una oveja perdida. En los seres humanos esa debilidad está en la subsistencia, en los sueños inconclusos, en un ascenso requerido o en el mejoramiento salarial.

Se pierden esas hienas humanas del gusto de ser deseados, y peor aún, de sentirse amados. El sexo por abuso termina asqueando, el abusador produce repulsión. Y entre más poderoso sea este, más odio genera porque su cultura o sus recursos bien pudieron ser vehículo de sana conquista, de detalles.

Pero hay poderosos que no tienen tiempo de conquistar, creen que son dueños de las cosas y de las personas, reduciendo estas últimas a trofeos de caza. Son esos abusadores quienes deberían estar colgados... y sabemos de donde.

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